Me llamo PM, trabajé como profesor sustituto interino (PSI) del departamento de Sociología de una universidad andaluza en los años 2002 a 2004 y 2009 a 2012 y quiero narrar los hechos sufridos por mi persona durante el periodo 2009-2012 por parte del Director, el Secretario, y varios miembros del Departamento afines a la dirección.

Durante los primeros meses fui objeto de diversas discriminaciones y de trato displicente, cuando no insultante, por parte del Director del Departamento: gestos de desprecio o incluso minusvaloración desde mi incorporación al Departamento, denegación de ayudas económicas del Departamento para asistir a congresos académicos (a pesar de que así estaba estipulado) o el rechazo frontal del Director en el Consejo de Departamento a mi nombramiento como representante del Departamento en una subcomisión de seguimiento, atendiendo la solicitud de un profesor que necesitaba delegar dicha responsabilidad. El motivo de ese rechazo fue al parecer “no estar a la altura” requerida para detentar dicho cargo, sin especificar si se refería al hecho de que yo fuera un PSI o si obedecía a alguna incapacidad personal que yo, en su opinión, sufría. Cuando hubo que renovar las representaciones en todas las comisiones (incluida la señalada) me ofrecí a continuar en la misma, siendo el único candidato que me presenté en plazo para detentar la representación de dicha subcomisión. Sin embargo, fue finalmente nombrada otra profesora, que no se había presentado. De ese cambio –contrario a la normativa- no se me dio la más mínima explicación, ni a mí en persona, ni al Consejo de Departamento.

Por consejo de algunos compañeros, opté por no responder de forma alguna a estas provocaciones, y por evitar la confrontación.

Durante el curso 2009-2010 compaginé en el Departamento de Sociología mi desempeño profesional como PSI con la realización de los cursos de doctorado de dicho Departamento. Al ser un plan próximo a extinción, la Universidad en la que trabajaba permitió seguir adelante con dicho programa de doctorado sin que se tuviera que llegar a un número mínimo de alumnado. Por ese motivo, en la mayoría de los diez cursos de doctorado, yo era el único alumno. Edgardo Cabrité, director del Departamento de Sociología y uno de mis diez profesores, me llamó a su despacho al inicio del curso para comunicarme que no me impartiría el curso de doctorado, pero que para ser evaluado debía realizar un trabajo de curso de doctorado basándome en una determinada bibliografía. El trabajo que se me asignó era extenso y difícil en comparación con los otros 9 cursos, pero la fórmula de realización de dicho trabajo no se explicaba en ninguno de los títulos incluidos en la bibliografía. Pensé que esta laguna podría solventarse con alguna sesión explicativa por parte del propio profesor en horario de tutorías, pero cuando en una primera y única ocasión acudí a su despacho con tal fin, el profesor dio muestras de sentirse molesto por mi visita. Por todo ello, y en el contexto de la animadversión que él habitualmente me mostraba, preferí buscar en otras fuentes la información que no se me había proporcionado.

Entregué al profesor Cabrité mi trabajo de doctorado, sin haber recibido ni una sola clase por su parte, en la tercera convocatoria del curso. A las pocas semanas este me llamó a su despacho para comentar el trabajo. En contra de mis temores, el profesor Cabrité me felicitó por el mismo, me lo calificó con un 9, y me invitó a formar parte de su grupo de investigación, e, incluso “a publicar juntos”. Le agradecí mucho esa invitación y le respondí que me sentía muy honrado al recibirla, asegurándole que la consideraría.

Salí muy contento de esa entrevista porque me pareció una oportunidad de superar la animadversión que había mostrado el sr. Cabrité hasta entonces. También me gratificó el hecho de que por fin conociera mi desempeño académico e investigador, que hasta entonces no había tenido oportunidad de mostrarle, y que ello mejorara la imagen que hasta ese momento tenía de mí. No obstante, opté por formar parte de otro grupo de investigación (del que aún soy miembro) sin ningún ánimo de desairar ni insultar al sr. Cabrité; simplemente porque iba más en consonancia con mi forma de trabajar, y por tener buena relación personal y profesional con muchos de sus miembros.

HECHOS CENTRALES: IRREGULARIDADES EN LA SELECCIÓN.

En junio de 2011, tras convocatoria del concurso establecido por la nueva normativa de selección y contratación de PSI, y tras las reuniones de la comisión correspondiente, el Departamento de Sociología publica el listado de candidatos de PSI según puntajes. Dicho listado era una mera enumeración de nombres y apellidos, sin especificar el número de puntos de cada candidato. Además, ante los indicios de que se estaba aplicando el Mérito Preferente, insistí varias veces ante el Departamento que dicha aplicación no era procedente, así como que era preceptivo publicar los puntajes en dicho listado.

Como desde el Departamento de Sociología no se efectuó el más mínimo cambio a pesar de mis indicaciones, opté por elevar una reclamación ante instancia superior, por la que se obligó al Departamento a efectuar las dos correcciones que había solicitado: la confección de una nueva lista especificando la puntuación de cada candidato y la no aplicación del mérito preferente en dicha nueva lista. Dichos cambios supusieron un nuevo orden en el listado, lo que afectó a algunos de los candidatos que me precedían en la lista, pero no a mí.

Paralelamente al proceso descrito, solicité (varias veces) ver mi expediente según se había baremado por parte de la comisión, con respuesta negativa por parte del director del Departamento, sr. Cabrité; en otra ocasión se lo solicité por teléfono directamente al secretario, sr. Manel Untala, quien también me lo negó. El motivo que me dieron, tanto la administrativa del departamento (hablando de parte del Director) como el secretario, para justificar tal negativa fue una supuesta instrucción del Rectorado a los departamentos, para evitar trámites innecesarios ni favorecer recursos, dado que “eran muchos los PSI de la Universidad de Sevilla”. Ese argumento me extrañó, y acudí a la Asamblea de PSI, muy activa por entonces y de la que yo formaba parte, para preguntar si esas instrucciones rectorales se estaban aplicando en los demás departamentos. Así supe que en ninguno de los departamentos representados en aquella Asamblea estaban negando el acceso a los expedientes ni se estaba esgrimiendo dicho motivo, por lo que sospeché que podría ser una excusa falsa. Hasta entonces yo había obrado de buena fe y había creído que las múltiples anomalías que se estaban dando en el procedimiento eran mero fruto de la desinformación por parte de Cabrité y de Untala, y que no eran deliberadas. Pero empecé a dudar, y los siguientes acontecimientos sólo sirvieron para que fuera considerando más plausible la hipótesis de que ciertas irregularidades pudieran ser voluntarias.

Como último intento, el día de expiración del plazo para recurrir envié al Departamento un e-mail reiterando mi solicitud, esta vez por escrito. El sr. Untala me llamó por teléfono diciéndome que de ninguna forma podría ver mi expediente porque así lo había dispuesto el Rectorado, aconsejándome no recurrir. Ese día, asesorado por los servicios jurídicos que la Universidad ofrece a la comunidad universitaria, presenté un recurso de alzada.

Por consejo de algunos compañeros del Departamento, llamé por teléfono al sr. Cabrité para aclararle el alcance meramente administrativo de mi actuación en las últimas semanas. En aquella conversación, de unos 10 minutos de duración, no pude pronunciar ni una sola palabra tras mi saludo inicial: con gritos y tonos insultantes, se negó a tratar el tema (“ya es tarde para hablar”), creó un marco de hostilidad (“a partir de ahora tú y yo hablaremos sólo por escrito”) y lanzó amenazas veladas (“tú sigue así que ya verás”). Esta última frase fue la que más repitió, junto a otra: “Ya te avisé de que te metieras en mi grupo de investigación”. Por mi parte, la única frase que pude completar antes de que me colgara fue, en consonancia con el objeto de mi llamada: “Por mi parte, me encantaría que tuviéramos la oportunidad de hablar en persona”.

Dos días después, la administrativa del Departamento me informó de que el sr. Cabrité quería verme en su despacho al día siguiente. Acudí a la entrevista esperando un diálogo en el que ambas partes tuviéramos buena voluntad (yo por supuesto la tenía) y aclarar cualquier malentendido que hubiera podido existir, pero aquella entrevista se desarrolló de forma muy distinta: el Sr. Cabrité comenzó insultando a otros miembros del Departamento, a quienes él me vinculaba; esas personas, según él, me protegían e intentaban apoyar mi continuidad en el Departamento para “perpetuar esa inutilidad, para mantener el cáncer” en la Universidad, del que yo iba a ser heredero. Respecto a mí, afirmó ser “exponente de esa misma inutilidad”, ya que yo “debería tener una orden de alejamiento a cualquier facultad universitaria española”, porque yo “no merecía estar donde estaba y ni siquiera acercarme”. Mi currículum y mis méritos, eran “un montón de certificados falsos firmados por amiguetes míos”, ya que “nadie puede creerse que tú hayas hecho tantas cosas”, y me acusó de falsedad documental.

Aludió repetidas veces a mi participación en la Asamblea PSI con el fin de “paliar tus carencias en investigación, adecuando las demandas de los PSI a tus intereses particulares”. Las consabidas frases “tú sigue así y ya verás” y “ya te dije que te vinieras a mi grupo de investigación” seguían siendo las que más repitió, como coletillas, una y otra vez. Inexplicablemente, me dijo también que “cuando me saludas, yo te respondo al saludo”, como algo que yo le debiera agradecer. Me llamó desagradecido porque “tú estás aquí trabajando porque yo quiero, yo he firmado tu contrato”, y me advirtió: “Hay mucho paro en España”.

Los efectos de esta entrevista me dejaron anímicamente exhausto durante semanas: no daba crédito a que hubiera tenido lugar y no pude digerir el grado de agresividad y violencia verbal de la que acababa de ser objeto. Me preocupó que se pusiera en duda mi trayectoria profesional y que se me amenazase veladamente con el desempleo. Por primera vez en todo el proceso que describo en estas páginas, me sentí muy deprimido y emocionalmente confuso, y comencé a tener problemas para conciliar el sueño. Desarrollé una sensación irracional de indefensión y desamparo ante cualquier posible ataque del director. Fue en aquella época cuando dejé de utilizar las escaleras cercanas a la puerta principal de la Facultad para usar exclusivamente las de la otra puerta, como síntoma del temor que sentía a cruzarme con el director del departamento durante mi permanencia en mi centro de trabajo, un temor con que con el tiempo extendí a la posibilidad de encontrarme con otros miembros del Departamento allegados suyos.

Además, a medida que fueron trascendiendo los hechos, la mayor parte de los miembros del departamento con quienes hasta entonces tenía una relación normal comenzaron a tratarme con frialdad o me evitaban; otros participaban en los rumores difamatorios en mi contra y actuaban abiertamente en apoyo al director. Dejé de acudir a todo tipo de reuniones no obligatorias del Departamento (reuniones de coordinación de carácter voluntario, cena de Navidad…) por ese mismo temor. Este cuadro anímico y emocional, cuyo origen fue la entrevista, lo mantuve durante los ocho meses siguientes hasta el día de mi cese, tras el cual me sentí incluso peor. Quiero aclarar a qué me refiero al hablar de rumores: algunos otros compañeros me avisaron de que el secretario, Sr. Untala, había ido a hablar en persona e individualmente con ellos a difundir acusaciones como que mi participación en la Asamblea de PSI y mi activismo en la difusión de sus reivindicaciones estaban realmente motivadas por “un intento de cambiar la forma de baremación de los PSI para así suplir sus carencias en su currículum, porque no tiene experiencia como investigador”; esta acusación ya la había utilizado el director sr. Cabrité en su entrevista conmigo, y en esa campaña de desprestigio también participaron otros miembros del departamento, entre ellos el sr. Benjamín Fetal, representante sindical que se posicionó en contra de la Asamblea PSI.

Respecto a la naturaleza de la acusación, cabe señalar que las reivindicaciones de los PSI fueron consensuadas en asambleas de hasta 70 participantes, por lo que difícilmente podría haber instrumentalizado yo sus acuerdos en provecho de mi perfil curricular. Fue en esa época cuando un miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores, a quien narré el contenido de la entrevista con Cabrité y le hice partícipe del rumor que circulaba contra mí, me dijo algo de lo que yo hasta entonces no era consciente: “Lo que te pasa es un caso de acoso laboral como una casa”.

En los meses siguientes, los trámites del recurso seguían su cauce, aunque no sin dificultades: fui al Rectorado a revisar los expedientes y comprobé que estaban incompletos, por lo que solicité al Departamento de Sociología el envío de la documentación faltante (casualmente, donde se reflejaban las más graves anomalías). Semanas después, pude observar que no se me habían sumado puntos en el Expediente Académico y Experiencia Docente (unos 5 puntos). Y que mis más inmediatos competidores tenían hasta 15 puntos más cada uno, ya que en el programa informático, en la casilla de número de años de experiencia como becario (que automáticamente multiplicaba la cifra por 2.5) incluyeron 10 en lugar de 4, como correspondía.

Por todo ello, hubiera estado muy por encima del puesto que irregularmente se me asignó, hubiera sido el PSI de mayor puntuación de los contratados el curso 2011-2012 y hubiera podido elegir el contrato de mayor duración y estabilidad (un contrato renovable que aún me habría permitido estar trabajando en activo hoy, más de un año después de los hechos narrados). En cambio se me asignó un contrato de escasa duración. La asignación de contratos a los distintos candidatos, además, no fue exactamente por prelación, sino que la decidió el Director de departamento según criterios discrecionales. Como se expresa luego, fui cesado en Enero de 2012 debido a todo este cúmulo de anomalías, mientras que candidatos con menos mérito siguen en activo.

NUEVA OBSTACULIZACIÓN DE MIS DERECHOS:

A finales de 2011 el Director del Departamento nos envió un e-mail a todos los profesores y profesoras solicitándonos peticiones sobre necesidades docentes o de investigación para incluirlas en el presupuesto del departamento antes de que expirara determinado plazo algunos días después. Yo envié en plazo, y cumpliendo todos los requisitos precisos, la documentación correspondiente a la traducción de dos artículos científicos al inglés (un tipo de gasto que explícitamente se señalaba como inventariable en la comunicación del director). Sin embargo, el Departamento me comunicó haber recibido órdenes de no hacerlo, por lo que mis artículos quedaban excluidos de la financiación. Ante este hecho, pedí una confirmación por escrito de tal decisión y pedí que se me explicitaran, también por escrito, los motivos por los cuales se me daba esa negativa.

Pocos días después el director me mandó un mail personal pidiéndome una serie de requisitos burocráticos para poder tramitar mi solicitud, sin los cuales en efecto él no podría autorizarla. He de aclarar que fuentes del departamento me informaron de que ninguna otra solicitud fue condicionada a ninguna gestión adicional, sólo la mía. A pesar de facilitar los datos que de forma tan extraordinaria me solicitaba, a los pocos días supe por la administrativa del departamento que el sr. Cabrité había dado órdenes de, finalmente, no tramitar mi solicitud. Sólo la intervención in extremis de dos profesoras del departamento, que hablaron en persona con la administrativa, a través de ésta con el director del departamento, y por teléfono con el secretario del mismo, Sr. Untala, se incluyó mi solicitud en el presupuesto. Durante este proceso volví a sufrir ansiedad, insomnio, indignación y depresión.

He de aclarar que el tono amable y cordial utilizado por el sr. Cabrité en su correspondencia escrita contrasta con el desprecio y el tono intimidatorio que me venía mostrando en sus escasas conversaciones telefónicas o encuentros personales. Este comportamiento lo entendí entonces y lo sigo entendiendo ahora como un ejercicio de hipocresía destinado a minar la moral de quien recibe el trato arbitrario y agresivo de la dirección, así como una forma de no dejar pruebas escritas del trato denigrante que se está aplicando: los mails “amables” del Sr. Cabrité comenzaron a existir poco después de trascender en el Departamento que yo me había puesto en contacto con un abogado.

FINALMENTE, MI CESE:

En Enero, debido al contrato de breve duración que se me asignó irregularmente, fui cesado sin que se me permitiera terminar de impartir mis asignaturas. El Secretario de Departamento sr. Untala me avisó por teléfono de que no podría terminar mi periodo de docencia y que interrumpiera mis funciones una semana antes del periodo lectivo cuatrimestral. Mi alumnado reaccionó con indignación cuando le comuniqué la noticia: fueron a protestar ante diversas instancias universitarias en mi apoyo y por los inconvenientes derivados del cambio de profesorado antes del examen final.

En los días posteriores al cese fue cuando los efectos emocionales de todo el acoso se volvieron más agudos: estaba deprimido, no podía dormir, me sorprendía hablando solo, y terminé visitando a un psiquiatra para que me ayudara con lo que me pasaba y sobre todo que me solucionase el problema del sueño.
MI CASO ES TRATADO EN CONSEJO DE DEPARTAMENTO:
A propuesta de un sector del Departamento, se incluye mi caso en el orden del día del Consejo de Departamento celebrado dos meses después de mi cese. Era la primera vez que el Director rendía cuenta de todo el procedimiento ante el Consejo, ya que hasta entonces había omitido la más mínima información respecto a la selección, contratación y cese de los PSI; de hecho, esta vez no se trató el tema por iniciativa suya, sino en cumplimiento de la exigencia legal de hacerlo tras la solicitud de un 10% del Departamento. que presentó propuesta por escrito refrendada por un número suficiente de firmas.
El Director y el Secretario narraron cómo realizaron las baremaciones y contrataciones para los candidatos a PSI (muchas de sus explicaciones revelaban criterios subjetivos completamente ajenos a la normativa). Al preguntar por las anomalías en los puntajes que se me habían asignado, desde la Dirección se atribuyeron estas irregularidades a “errores”; algunos miembros del Departamento intervinieron para solicitar que, en tal caso, se corrigieran dichos “errores” y que se me restituyeran los derechos que se me habían conculcado. El Director se negó a rectificar: “Nos hemos equivocado. Lo sentimos mucho. Y ya está”. Algunos miembros del Departamento realizaron intervenciones críticas a esta actitud, y solicitaron explícitamente que éstas constaran en acta. Sin embargo, cuando fechas después se publicó el acta redactada por el Secretario, Sr. Untala, ésta obviaba toda alusión a estos hechos. Ello generó alegaciones al acta por parte de dos miembros del Departamento.
La mayoría de los miembros del departamento, mis ex-compañeros, mantuvieron una actitud de inacción cómplice, cuando no, en algún caso, de apoyo incondicional a las irregularidades.
El Sindicato Andaluz de Trabajadores informó poco después al Director del Departamento sobre su obligación legal subsanar las anomalías detectadas tan pronto éstas hubiesen sido puestas en su conocimiento, a lo que se negó aduciendo que el asunto se dirimía en una instancia superior. En efecto, mi recurso está a la espera a que se dirima en la instancia rectoral correspondiente, pero ello no es motivo para no cumplir con lo que la ley obliga a un cargo público; una vez más el sr. Cabrité obviaba reglamentos y normativas.

Ha pasado ya un año y medio desde que se realizó la baremación y un año desde que presenté el recurso denunciando las irregularidades. El Rectorado al parecer mantiene paralizado mi recurso y no se ha puesto en contacto conmigo para darme la más mínima explicación.

En el nuevo proceso de baremación y contratación para el curso 2012-2013, se me ha vuelto a negar, por segunda vez, mi derecho a visionar el expediente ante el Departamento y he tenido que recurrir de nuevo ante el rectorado. En estas fechas me encuentro en proceso de estudio de los expedientes y he detectado nuevamente anomalías susceptibles de revisión que, de confirmarse, supondrían que se me ha asignado, una vez más, en el nuevo listado ordenado de méritos de los candidatos a PSI, un puesto inferior al que en justicia me corresponde.