Aqualia-Facsa Mazarrón: Despedido por mi actividad sindical.
Relato enviado por José Emilio Guzmán, colaborador de ABP


El comienzo de mi despido se remonta a febrero de 2011, cuando me negaron reincorporarme a mi puesto en la depuradora de aguas residuales de Mazarrón, Murcia, tras una excedencia de la que hablaré más adelante. Pero primero me gustaría situar al lector en el ambiente que rodea esta triste historia:

Como bien sabemos en la CNT, el grupo empresarial de Esther Koplowitz, FCC, (propietario a su vez de Aqualia) ya ha protagonizado mas episodios de persecución contra la actividad de la Anarcosindical en sus empresas. En Zaragoza han tenido que readmitir a dos delegados sindicales por despido nulo. También su filial Flightcare  ha  intentado sin éxito impedir la lucha sindical de nuestros compañeros de Barcelona. En cuanto a Facsa, diremos que es también filial de otra constructora, el Grupo Gimeno, de Castellón. Facsa ha ido poco a poco abriéndose su hueco en esto de las contratas del agua privatizada, comenzando por Levante donde domina casi todo y llegando cada vez más lejos, con contratos en Aragón, Rioja, incluso  Toledo capital.  En cuanto a su actividad antisindical no teníamos noticias, hasta ahora, pero entre los trabajadores de la planta ya lo ha hecho saber la propia empresa, donde reconoce sin tapujos que  sigo en la calle por mi militancia sindical.

Lo cierto es que yo tampoco había sido especialmente combativo en el trabajo, no había sección sindical, aunque con frecuencia intenté con mis compañeros de trabajo hablar de la CNT y de nuestra forma de luchar, y de lo interesante que sería que se afiliaran y montar la sección, pero sin éxito. Sí que hubo bastante tensión en algunos momentos en materia de seguridad, al negarme a realizar determinadas tareas en condiciones de toxicidad por gases, ya que el sulfídrico en muchas ocasiones superaba los límites legales multiplicando su concentración por 10 ó mas, algo que puede llegar a ser mortal. Aun así, en esos casos, mi actitud era dialogante y de buscar soluciones, no de enfrentamiento.  Visto el panorama, decidí pedir un año y medio de excedencia,  para probar suerte fuera, pero la crisis ya estaba en pleno apogeo y no conseguí un trabajo estable, por lo que informé a Aqualia de mi intención de reincorporarme lo antes posible. Aqualia estaba terminando su contrato de gestión de la depuradora, y dada su pésima actuación no tenía muchas posibilidades de renovar, por lo que no quería delante a un sindicalista que podía entorpecer su vergonzante retirada. Contestaron que de momento no era posible, que mi puesto estaba amortizado (eso significa que aunque mi plaza no la ocupaba nadie se apañaban con uno menos). Entonces mi sindicato intervino abiertamente, enviando escritos a la empresa y a las administraciones responsables de esta situación: Ayuntamiento, Consejería de agricultura y Aguas, Esamur (Entidad regional de saneamiento y depuración). Cuando llegó la subasta de la depuradora, Aqualia perdió -como era de esperar- y entró Facsa, a la que tanto yo como el Sindicato informamos de la situación e invitamos a solucionarlo cuanto antes. En este traspaso de empresas, Aqualia despidió también a la analista de la planta, a otro trabajador ya retirado por razones de salud, al jefe de planta y a otro obrero de otra instalación, intentando así ahorrarse la indemnización de éste último.

Facsa ha readmitido a la analista, el otro currante ha vuelto a Aqualia, y el que estaba jubilado naturalmente sigue como está, es decir que el único obrero que sigue en la calle soy yo. El jefe de planta es otro caso, ya que como jefe no se subroga, es personal de la empresa y no de la planta, es en parte culpable de esta situación (y así se lo agradecen…Roma no paga traidores) aunque está negociando para acabar sus días en el ayuntamiento. Este hecho ha calado hondo entre los demás trabajadores de la planta, que comentan entre ellos que si el compañero no trabaja en la depuradora es por meterse en líos de manifestaciones, carteles etc… Se celebró un juicio y el testigo que llevé (ex compañero de trabajo, sindicalista de UGT y actual concejal de servicios urbanos), llegado el momento declaró en mi contra, para sorpresa de casi todos, incluido el juez, que no daba crédito a lo que estaba oyendo. Después me enteré de que, además de la relación que tiene con las dos empresas por su cargo en el ayuntamiento, había conseguido meter a su hijo a trabajar en Aqualia. Con este ¿impagable? testimonio, el juez sentenció que no estaba probada la represión antisindical, y que tampoco me habían despedido, sino que continuaba en espera de que la empresa tuviera una vacante disponible, de similar categoría a la mía, plaza para la que yo conservaría un derecho preferente. Facsa se mostró de acuerdo, y se comprometió a hacerlo, pero cuando tuvo necesidad de un nuevo trabajador contrató a otro, como era de esperar. Nueva denuncia y a la espera de juicio. A pesar de que se lo hemos preguntado formalmente, no han querido explicar por qué han incumplido su palabra. Así hemos llegado hasta ahora. Cuento con el incondicional apoyo de mi sindicato, que ha demostrado su solidaridad a lo largo de todo el país, concentrándose a las puertas de las empresas, pegando carteles, convocando manifestaciones, repartiendo panfletos, intentando negociar con las dos empresas una salida justa, que no es otra que mi readmisión. El ayuntamiento me dice a mí una cosa pero luego hace otra, tienen miedo de que  las empresas  les consideren su enemigo, mientras que la suerte de una familia del pueblo no les dice nada, ni la falta de libertad en el seno de una instalación pública como es la depuradora de aguas residuales.

Ver también: Desmontando a Facsa-Aqualia y Esamur. Rueda de prensa de la CNT en Mazarrón.

Autor: José Emilio Guzmán.
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