Cesión ilegal de trabajadores en la Biblioteca Nacional.
Relato enviado por Rubén


En el relato que nos ha enviado Rubén muestra que la Biblioteca Nacional ha recurrido durante muchos años a la cesión ilegal de trabajadores, urdiendo todo tipo de tretas para ocultarlo.

Me llamo Rubén, y hasta septiembre del año pasado estaba a cargo entre otras cosas de parar y arrancar la Web y la Intranet de la Biblioteca Nacional de España (BNE). También intervenía en caso de crisis cuando se caía el servicio (el lunes, claro porque al ser externo no me daban acceso remoto para poder intervenir y solucionar la incidencia en el momento, por eso alguna vez si se caía un fin de semana hasta el lunes no volvía).
He estado trabajando allí dos años, parte del tiempo “de tapadillo” puesto que perteneciendo al lote (como le llaman allí) que estaba adjudicado a la empresa “Ibermática”, a su vez yo estaba subcontratado por una tercera empresa llamada “Hitec” (High Technology Diffusion), una empresa de trabajo temporal disfrazada de consultoría tecnológica (me contaron que no podía hacer horas  extra aunque me las pidieran) que me encontró por un portal de empleo y que más tarde solamente se dedicaba a pagarme la nómina.
A la semana de incorporarme a mi puesto  recibí una llamada a mi móvil personal de la empresa intermediaria, la que solamente me paga la nómina, para “pedirme” que no comentase a nadie que estaba contratado por ellos. Esta empresa, Hitec, no sabía ni adónde tenía que llamar para comunicarse conmigo, y ni siquiera tenía acceso permitido a la BNE ni nadie de la BNE al principio sabía de su existencia ni llegó nunca a relacionarse laboralmente con ellos.

Al cabo de un año la comercial de la empresa Ibermática (la que tiene la concesión) me contestó a un correo que yo le envié relativo a mis perspectivas laborales, que la biblioteca conocía perfectamente mi “situación”-o sea, que yo tenía una determinada “situación” (que legalmente se llama cesión ilegal de trabajadores)- y que por parte de la BNE no había ningún problema. Lo repito: “La BNE” conocía mi situación y no le parecía ningún problema. Y estamos hablando de la Administración Pública del Estado. Un año más tarde, un viernes me llamaron  de la empresa intermediaria “Hitec” para chantajearme con reducir mi salario anual en 6000€ o cambiarme a otro proyecto. Contesté que me lo pensaría, pero que las nuevas condiciones me las deberían poner por escrito, y me negué a contestar en el momento de la llamada. Lo que finalmente me pusieron por escrito directamente fue el despido.
Esto ocurrió en plena migración de la nueva Intranet, en la que no pude participar después de haber estado colaborando con el personal de otra empresa que lleva a cabo el desarrollo.
Mi caso no es único. También conocí el de Marta, que fue injustamente despedida poco antes de entrar yo tras ocho años de trabajar en la Biblioteca Nacional de España como bibliotecaria y que ganó el juicio contra la BNE. En lugar de readmitir a Marta, la BNE no sólo recurrió al Supremo, sino que además comenzaron a idear todo tipo de estrategias para que fuera imposible demostrar que el personal externo trabaja en la BNE.
Desde la BNE internamente nos comunicaron a los externos que no debíamos firmar el correo con nuestro nombre ni nada que nos identificara a nosotros ni nuestra empresa, teníamos que usar correos de grupo y poner en el asunto “a la atención de”, cosa que en lugar de mejorar, dificulta el trabajo diario. Pensaron en ir más allá e incluso estuvieron ideando utilizar correos con acrónimos irreconocibles,  como iber-001@bne.es para el “trabajador 001” de Ibermática, iber-002@bne.es para el “trabajador 002”, etc., algo totalmente impracticable para la comunicación diaria y que hace un uso absurdo de la tecnología quitándole toda su utilidad y anulando la función para la que fue desarrollada. Imagino que no pudieron implementarla finalmente, aunque por curiosidad me hubiera gustado mucho ver cómo lo llevaban a la práctica.
No salgo de mi asombro y no sé si soy capaz de transmitir lo absurdo que puede llegar a ser esta manera de pensar en una entidad que pretende ir acorde con los tiempos mediante el uso de la tecnología. También tuvieron la idea de marcar a los externos con la cinta de la tarjeta que hay que llevar colgada. El personal externo tiene una tarjeta de acceso verde para abrir las puertas a las que tiene acceso, mientras que los funcionarios tiene una tarjeta distinta. No conformes con esto idearon que los funcionarios deberían llevar la tarjeta colgada de una banda azul mientras que el personal externo la debería llevar colgada de una banda verde. Lo siguiente hubiera sido colocar un cartel de “se ruega no dar de comer a los externos y mucho menos conversación”.
En mi proyecto en absoluto había un director de proyecto de la empresa adjudicataria, y en toda la informática privatizada de la BNE no hay un sólo director de proyecto de la empresa concesionaria. Todo el mundo responde a las órdenes del personal funcionario o laboral de la BNE;  los medios aportados son exclusivamente de la BNE, lo que con toda seguridad sitúa a todo el personal de informática en situación de cesión ilegal de trabajadores.
El personal responsable funcionario de la BNE dispone a su antojo de los trabajadores que les suministra Ibermática, dónde los colocan y qué funciones realizan, sin que intervenga en absoluto la empresa concesionaria de la privatización del servicio.
Ignoro la visibilidad que tiene la dirección de la Biblioteca Nacional desde ahí arriba sobre estas cosas, sospecho que poca porque cuesta trabajo entender que se permita, así que ya que nadie hace nada, creo que es casi una obligación al menos el darlo a conocer.
En la BNE me he relacionado con personal que va y viene de otras empresas, y puedo asegurar que la imagen que da la organización para todo el que pasa por allí no es de las mejores y toda esa gente tiene familia y amigos, opinión y anécdotas que contar por lo que le pregunto a la directora de la Biblioteca Nacional, como máxima responsable de una entidad emblemática, si es ésta la imagen institucional que buscan ofrecer de la BNE, una entidad supuestamente de todos.

 

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