Al terminar el bachillerato, Alfredo estudió un ciclo formativo de grado superior: diseño y producción editorial. Este título, que supuestamente daría acceso a un puesto de técnico cualificado en el mundo editorial, le llevó a trabajar en varias empresas en condiciones que se correspondían poco con las expectativas generadas por el título. En la primera imprenta en que estuvo, se trabajaban nueve horas diarias a turno partido, con 15 días de vacaciones anuales menos de los legales, por 850 euros mensuales. En la segunda, las condiciones empeoraron. Aunque el salario era de 1100 euros, había que hacer muchas horas extraordinarias. Según la empresa, estas horas se pagarían trimestralmente, en función de los beneficios: el resultado era que se cobraba mucho menos de lo que hubiera sido legal.

Además, la empresa pedía una disponibilidad horaria total: “Lo mismo entrabas a trabajar a las ocho de la mañana y a las doce te decían: vuélvete a tu casa, vuelve a las 9 de la noche y quédate de 9 a 6 de la mañana. No había horarios, era una locura. Yo estuve allí 15 días, me fui, dije: esto es esclavitud. Esta imprenta era de impresión de carteles grandes y estábamos haciendo un cartel para la Expo de Zaragoza, y se va el jefe a Zaragoza y nos dice que durante esa semana estemos todos con el móvil encendido por las noches por si nos tiene que llamar a las dos de la mañana por si se ha estropeado algún cartel que vayamos a la fábrica a hacerlo para mandárselo a Zaragoza. Y la gente lo aceptaba. Y yo dije que no iba a echar una hora extra más, no me pagan las horas y me piden echar nueve horas más, y no voy a echarlas. El tío se cabreó, decían que me iba a echar porque decía que no le interesaba un trabajador así, claro, le interesaba un trabajador esclavo. Al final fui yo el que le dije que me iba, y el tío se cabreó encima”.

Empiezo a ver cosas raras

Tras esta experiencia, se presenta a unas pruebas de selección para jefe de maquetación en una empresa que editaba una revista de hostelería. A la oferta de trabajo se presentaron más de cien personas, para un puesto con un salario de 600 euros “”es un sector que está fatal, todo lo que son las artes gráficas es horrible, la gente se da de hostias para trabajar por 600 euros”-. Al mismo tiempo que Alfredo entra en la empresa como redactora otra chica joven. En ese momento trabajaban en la empresa, aparte de los recién llegados y del dueño, una secretaria, otra redactora, una redactora jefe y una chica de prácticas, gestionando la web.

Alfredo entra a mediados de junio de 2006. Se le hace un contrato temporal hasta agosto, con la categoría de auxiliar administrativo y con funciones de jefe de maquetación “maquetaba, diseñaba carteles y publicicidad, llevaba todas las cuestiones técnicas de impresión”-. Trabaja junio y julio, se acaba el contrato “en agosto cierra la empresa”-, y le vuelven a llamar en septiembre. La otra chica que había entrado en junio ya no estaba. El director le dice a Alfredo que le va a subir el sueldo a 720 euros”

“La primera cosa rara que empiezo a ver, que el tío no me hace el contrato. Estuve así casi un mes esperando, porque muchas veces estás dado de alta pero no te dan el contrato hasta un tiempo después. Al final se lo dije al tío y me hizo el contrato el mes de octubre, o sea, que estuve un mes trabajando sin contrato.”

“Empiezo a ver que por ahí va mucha gente que le deben dinero, pasan dos o tres meses y un día me encuentro a la secretaria en el pasillo al servicio y me dice que ella se va a ir de la empresa, que al día siguiente se pira. Me lo dijo a escondidas, y me dijo que se iba porque llevaba sin cobrar once meses. Yo me quedé” “Pero bueno, tú, ¿cómo puedes estar?.” Me dijo además que las otras dos compañeras también estaban allí sin cobrar. Yo me quedé, imagínate, todo extrañado, ¿cómo es que la gente trabaja sin cobrar? Yo eso lo veo un poco” Y que ellas no querían que yo me enterase de la historia que había, que la gente no cobraba. Me dijo que por eso se habían ido las dos personas que estaban antes, porque el tío les había dicho que no tenía dinero y que tenían que estar sin cobrar. Ella me da el aviso y al día siguiente se va. Todo esto lo hace a escondidas porque no quería que se enterasen ni las dos compañeras ni el director. Por aquel entonces la chavala que estaba de prácticas también se había ido, posteriormente me di cuenta que tampoco la habían pagado.

Ahí empiezo a plantearme irme, pero no me fui porque de momento a mí me pagaban, y me dijeron que me iban a subir el sueldo a 900 euros, que al final me lo subieron a 800. Además, necesitaba el contrato porque me quería ir a un alquiler, y decidí aguantar un tiempo.”

“Yo ya sabiendo eso, sigo aguantando. Por ejemplo, a la redactora le preguntaba: “oye, ¿aquí ha habido alguna vez rollos de que no hayan pagado?” Y la otra me engañaba completamente: “no, no, aquí no ha habido ningún problema nunca” ¡Y ella no estaba cobrando! Vamos, moral de” yo qué sé, moral de esclavo. Ellos se pensaban que yo no me daba cuenta de nada, que me estaban engañando, pero yo sí sabía todos los mamoneos que había. Además, una vez llega el cobrador del frac, o a lo mejor llegan para embargar cosas” Cada dos por tres se veía que había rollos chungos con el dinero.”

Cuesta más cobrar que trabajar

“Yo sigo trabajando hasta que llega junio, julio, llevaba un año. Yo cobraba siempre los días 10, 10 días después del fin de mes. Yo ya tenía pensado irme, pero estaba esperando hasta el mes de agosto para cobrar mi mes de vacaciones, porque si me voy en julio seguro que el tío no me paga las vacaciones. Llega el 10 de julio, y no me paga, llega el 15, el 20, me dice que se estaba retrasando un poco y que me iba a pagar los dos meses antes de que nos fuéramos de vacaciones. Llegan las vacaciones y me dice que no me lo puede pagar. Yo, en principio, le dije que me lo pagara en agosto, no me lo pagó tampoco, y llega septiembre y me debía junio, julio y agosto. Ahí fue cuando entré en contacto con el sindicato, que ya vi que la cosa estaba chunga. Voy al abogado del sindicato, le digo lo que me está pasando, y el abogado pone un recurso para que el despido sea improcedente porque el tío no me está pagando. ¿Qué ocurre? Que ese recurso tienes que esperar a la sentencia del juez, tenía que seguir trabajando aunque no me hubiera pagado. Estuve así hasta el 20 de septiembre trabajando allí. Pero el 10 de septiembre me pagó junio y julio, aunque me seguía debiendo. Total, que sigo esperando y hablando con la gente del sindicato me doy cuenta que no podía seguir esperando a lo del juez porque al final me iba a deber un montón de dinero” En ese momento decidí sacar todas las cartas y decirle al tío que estaba sindicado. Voy a hablar con él, le llevo una carta del sindicato. Lo que le planteé fue: mira, me quiero ir porque no me estás pagando, y me tienes que pagar, aparte que mi contrato es de auxiliar administrativo, el sueldo una mierda y que esto no puede ser. Esto fue el 15 o el 20 de septiembre.

Le dije: mira, si quieres que lo hagamos bien, tú me despides de forma improcedente, porque es un despido improcedente porque no me estás pagando, me pagas mis meses y me das mi indemnización, y yo me quedo aquí trabajando 15 días mientras buscas a otra persona que se quede. El tío no aceptaba diálogo ninguno, como si estuviera diciéndole una burrada. Cuando le decía que tenía contrato como auxiliar administrativo, él decía que eso era cosa de la asesoría. Total, que me dice que no piensa hacer nada. Y le digo: hasta que no me pagues voy a venir aquí a trabajar pero me voy a quedar de brazos cruzados, sin hacer nada. El tío me dice que vale. Cuando termino de hablar con el tío voy a la habitación de al lado que están mis dos compañeras. Les expliqué la historia. Les dije, a pesar de que sabía que me habían estado mintiendo, aún así les dije: miren, yo con ustedes no tengo nada, yo todo lo tengo con él. Ellas me dijeron: bueno, si vas a estar aquí sin hacer nada, pues vete y ya está, ¿para qué vas a estar aquí de brazos cruzados? Eso me lo dijeron para que me fuera para que me pudieran despedir por abandonar el puesto de trabajo, ellas se pensaban que me iban a engañar porque pensaban que yo no sabía las triquiñuelas que tenían. Yo le dije que no, no me puedo mover del puesto de trabajo, voy a seguir viniendo a trabajar para que el tío no me despida por eso. Y las tías: pero, ¿qué pasa, no te fías de nosotros?”

“Al día siguiente llego y ahí sí hay un cambio de actitud” La que era redactora pasaba del tema, pero la jefa empezó a insultarme. El primer día al llegar: “¿Qué pasa, estás aquí? Que pocas ganas tenía de verte”. Un trato bastante desagradable. Yo intentaba razonar con ella, sin perder los papeles en ningún momento, porque no quería dar ningún paso sin haberlo pensado antes. Pero ella cada vez más cabreada, porque hablando bien yo la rebatía, y terminaba diciéndome cosas muy desagradables: “eres un tío muy chungo, cuando te hice la entrevista tenía que haberme dado cuenta del tipo de persona que eres, porque nada más hay que verte”.

Sigo allí, y ella me decía que me fuera a la otra habitación donde estaba solo, porque al día siguiente el jefe ya no estaba, se fue a buscar patrocinadores” Me tiré desde el 20 de septiembre hasta el 14 de octubre aguantando eso. Me intentaba enterar del horario, porque cambiaban mucho, unas veces iban de tarde, otras por la mañana, y aguantando ahí con las dos” Pasa que con el tiempo yo ya me iba poniendo más borde, si me decían que me fuera a la otra habitación, no, yo me quedo ahí. Y yo diciéndoles que no es que yo no fuera a trabajar, sino que tenía un contrato de auxiliar administrativo, así que me mandaran cosas de auxiliar administrativo. Una vez me mandaron una cosilla, pero bueno, todo el tiempo estaba allí sin hacer nada apartado en una esquina””

La gente del sindicato va varias veces, pero sin lograr siquiera hablar con el jefe ausente: “Él no coge el teléfono por sistema, porque siempre le está llamando gente para que le pague, él el móvil pasa de él, pero tenía otro móvil para estar en contacto con la redactora jefe. Yo le decía: avísale que han estado aquí los del sindicato, y ella: no, yo no le pienso decir nada. Y la otra redactora ni me hablaba ni me miraba a la cara, ya no nos hablábamos siquiera.”

“Sigue pasando el tiempo y yo veo que no puedo seguir ahí porque quería opositar y veía que estaba perdiendo el tiempo. Un día ya fui con un cabreo del copón, y les dije: yo sé que me habéis estado engañando por esto y lo otro, y a partir de ahora voy a venir y lo que voy a hacer es molestaros a ustedes, para que no trabajéis ustedes, hasta que el tío no aparezca aquí y aquí no haya solución. Porque allí me tenían, como sabían que no me iban a pagar: bueno, tú sigue viniendo” Porque el tío no pagaba ni la seguridad social. A la otra compañera con la que hablé le debía 10 meses de sueldo, y el tío ni iba a los juicios ni nada, le daba igual. No pagaba y ya está. La imprenta, igual, el tío sacaba la revista y luego no pagaba a la imprenta. Allí había dos o tres imprentas detrás del tío, le daba igual.”

“Al viernes siguiente llego a trabajar y está el tío ahí: “Bueno, Alfredo, aquí tengo tu carta de despido, pero quédate en la puerta”. Yo no me quedé en la puerta, entré en el recibidor. Me da la carta de despido. Digo: pero bueno, además de la carta de despido me tienes que dar la liquidación y el certificado de empresa para poder pedir el desempleo. La carta de despido era un despido disciplinario poniendo veinte mil burradas de mí, que yo era un terrorista. Y yo pidiéndole el certificado, y él que no lo tenía, yo insistiéndole, y se sienta y llama a la policía.

¿Tú aceptabas que fuera despido disciplinario?

No, yo no lo firmé en ningún momento. De todas maneras, cuando te dan una carta de despido normalmente no la firmas y ya está, que la recibas no significa que aceptes los motivos. Total, que el tío no me daba el certificado de empresa, y su actitud fue llamar a la policía. Yo ya cuando vi que llamaba a la policía, me asusté y me fui.

Ese mismo día fue gente del sindicato a hablar con él. El seguía en sus trece, decía que no me iba a pagar, que le daba igual. Ya empecé con el tema del sindicato, ya quedamos para hacer una concentración en la puerta de la empresa, hicimos un blog sobre la empresa, también enviamos faxes sobre la empresa” El día que fuimos a hacer la concentración, el tío había cambiado la empresa de sitio, porque tampoco pagaba el alquiler. Vamos allí y la empresa no estaba. Como la casa del tío estaba cerca, nos fuimos a hacer la manifestación a la puerta de su casa, pero tampoco estaba. Nosotros intentando buscar al tío por todos lados y así pasó una semana. Con el paso del tiempo, por Internet seguíamos dándole mucha promoción al tema, y el tío me llama para negociar.”

“Voy a negociar con dos personas del sindicato con él y su abogada. Llegamos allí y la abogada tenía el texto impreso del blog y me dice que él estaba dispuesto a pagarme los meses atrasados, pero no me quería dar la indemnización, y que si no aceptaba el trato me iban a denunciar, porque el blog ponía “Estafar con sabor” y que estafar era un delito, metiéndome miedo. Le dije que no yo iba a renunciar y que ya no me iba a pagar lo que me debía legalmente, sino me tenía que dar más dinero, porque si yo iba al juicio y me daba la razón, como era evidente que iba a ocurrir, el despido sería a la fecha del juicio, entonces me tendría que dar unos salarios de tramitación. Le dijimos: ahora con todo el follón que hemos armado ahora no te vas a ir de rositas, sino que ahora me tienes que dar más. El me ofrecía 2500 y creo que le pedimos 6000, siempre le pedimos más para que después la cosa”. Tras mucha negociación nos vamos sin tener nada aclarado, yo le dije que iba a quitar el blog, y quité el blog momentáneamente. Al final conseguimos pactar 4000 euros, esto fue a mediados de noviembre de 2007, y quedamos, como no tenía dinero, en que me pagara antes del 1 de diciembre. Yo hablaba con la abogada, y ella me decía que era su prima, que el tío no tenía un puto duro y que seguramente no la iba a pagar ni a ella.”

Un desenlace cardíaco

“Quedamos en que me pague 4000 euros. Un mes antes le había puesto una denuncia por acoso. Ellos me habían denunciado también a mí, decían que había robado un ordenador, que es mentira. El día del juicio quedamos en que íbamos a retirar esas demandas. Fuimos al juicio, yo retiré la mía, él retiró la suya y ese mismo día firmamos un acuerdo en que hacíamos oficial que me iba a dar mis 4000 euros antes de diciembre, me reconocía que el despido era improcedente y reconocía además que mi categoría no era auxiliar administrativo, sino jefe de maquetación. Llegamos al acuerdo, todo perfecto y queda esperar hasta diciembre. En diciembre no me ingresa el dinero, me puse en contacto con su abogada, ella me dice que ya no tiene nada que ver con él, y que al tío le había dado un ataque al corazón. Yo llamé al hospital y me dijeron que era verdad, que ya había salido, con lo cual era muy difícil que me pagase. Consigo hablar con él por teléfono y me dice que está muy mal, que no me puede pagar.”

Alfredo ve difícil la posibilidad de cobrar al dueño, viendo el giro que han tomado los acontecimientos: ¿cómo presionar a un estafador enfermo del corazón?  Por ello se vuelve hacia sus excompañeras: se había enterado de que ellas eran copropietarias de otra empresa “aunque con participaciones muy pequeñas- con el mismo dueño, y que esta empresa era la que constaba como editora de la revista “lo que podría explicar su estoicismo a la hora de trabajar sin cobrar-. Sin embargo sus intentos de presionarlas le sirven de poco: legalmente ellas no tienen por qué responder de los salarios impagados en la otra empresa. En el momento de la entrevista, Alfredo está esperando a que el Fondo de Garantía Salarial le pague una parte de lo pactado “lo que puede tardar un año o dos-. Al menos, gracias a la presión sindical, conseguirá mucho más de lo que han conseguido otros trabajadores estafados por el mismo empresario.

De la gente que se fue de la empresa sin haber cobrado, ¿supiste algo más?

Yo hablé con la secretaria. También hablé con la chica que entró conmigo, que al final le habían pagado en agosto, que había quedado con ella en una cafetería, le había dado el dinero en la mano, pero sin finiquito.”

Por Internet también consiguió entrar en contacto con un cocinero que había ganado un concurso de cocina organizado por la revista de hostelería. “El que ganó el premio tampoco le pagaron. También contacté con otro que maquetaba la revista antes, tampoco le habían pagado. Los de la imprenta, igual.

Habrá perdido un montón de juicios.

Se declara insolvente y le da igual. Le debe dinero a 3 o 4 imprentas, 9000 o 6000 euros a cada imprenta. Por internet encontré que había tenido movidas con otra empresa que había montado, que no le pagaba a la gente tampoco.”

Alfredo también se enorgullece de, gracias a la labor de propaganda por Internet, haber conseguido fastidiarle algún negocio al empresario-enfermo. Éste estaba negociando un contrato de publicidad para la revista con Heineken, “y los de Heineken se metieron en Internet y vieron la mierda que había y le dijeron que ni contrato ni nada, o sea, que le dimos donde le dolía.”

Entrevista realizada por: Enrique Martín Criado, Sevilla, junio de 2008