“Ya había economía irregular en la época boyante pero ahora es escandaloso”


Fuente:

www.malagahoy.es

Mercedes Muñoz derrocha simpatía y cordialidad aunque durante décadas, como inspectora de trabajo, se ha tenido que mostrar inflexible ante los empresarios y trabajadores que incumplían todas las normativas. Ha sido jefa de la Inspección en Málaga durante 16 años hasta que se jubiló el pasado 8 de junio. A lo largo de toda su carrera ha vivido numerosas anécdotas tanto laborales como personales. De hecho, pudo ser la primera dama en el Ayuntamiento de Málaga si su esposo, el socialista Eduardo Martín Toval, hubiera ganado las elecciones en 1995.

-Se acaba de jubilar ¿cuántos años ha estado como inspectora de trabajo?

-Como inspectora 35 años y como jefa de la Inspección en Málaga hice 16 años el pasado mayo. Todo un récord en Málaga. Mucho trabajo, muchas horas, pero contenta. Primero estuve en Zaragoza dos años y de ahí pasé a Madrid donde permanecí 17 años.

-¿Por qué se trasladó a Málaga?

-Mi marido es Eduardo Martín Toval y se venía a Málaga como candidato al Ayuntamiento por el PSOE. Nos venimos la familia para acá y cambié mi Madrid natal, cosa que nunca pensé que fuera a hacer, por Málaga. Es curioso porque cuando me trasladé desde Zaragoza a Madrid me dio pena pensar que no iba a vivir en Andalucía porque me hubiera encantado vivir alguna temporada en esta región. Pensé que me iba a quedar en Madrid toda la vida y fíjate lo que me tenía preparado el destino.

-Bueno, un poco más y llega a ser la mujer del alcalde de Málaga.

-Bueno, al PSOE le dieron un palo bueno en aquel momento [se ríe]. Eran tiempos difíciles. La alcaldía la ganó Celia Villalobos. Eduardo se quedó como concejal de la oposición y portavoz del grupo socialista hasta que volvió a su puesto de inspector de trabajo y luego se fue a Marruecos como consejero laboral de la embajada. Ya se jubiló y ese es también uno de los motivos de que yo me jubile.

-¿Qué sensación se lleva?

-Si hago balance la sensación es bastante buena. Llegué con la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y creo que hemos hecho un trabajo muy concienzudo desde la Inspección. Una de nuestras principales preocupaciones era la siniestralidad en la construcción, se hizo un plan intersectorial y hubo una respuesta magnífica de empresarios, sindicatos, mutuas o los colegios profesionales. Empezamos queriendo cambiar los andamios amarillos por otros europeos y conseguimos reducir la siniestralidad. Pasamos de tener mucha siniestralidad de caída en altura a tener mucha siniestralidad en zanjas, en taludes o huecos y también hicimos muchas jornadas sobre este asunto. Hemos tenido resultados y mes a mes ha ido bajando la siniestralidad, aunque de vez en cuando nos llevamos algún disgusto.

-¿Había muchos accidentes en las obras hace 30 años?

-Sí, muchos. Recuerdo que me presenté con una compañera en una caseta de obra en Madrid y de repente ver que el gancho de la grúa empezaba a llevar cascos a todas las partes de la estructura. Nadie llevaba casco y cuando se corrió la voz de que estábamos los inspectores empezaron a llevárselos a todos.

-¿Y ahora?

-Ahora hay gente que trabaja muy bien pero me preocupa mucho la chapuza. Muchas veces las hace un desempleado que cobra el paro y de paso trabaja todo lo que puede, algo que no se puede hacer, y desde el punto de vista de la prevención también hay riesgos porque esas chapuzas se hacen de aquella manera.

-¿Han visto con la crisis muchos accidentes de chapuzas en casas?

-Sí. Haciendo cosas en casas de vecinos, etcétera.

-¿Cómo ha cambiado la situación laboral entre el auge económico y la crisis?

-En la época boyante teníamos a gente cobrando el desempleo y trabajando, gente sin dar de alta y extranjeros sin autorización para estar en España trabajando. Ya había economía irregular pero no quiero decir lo que nos encontramos ahora con la crisis. Ahora es escandaloso. Lo positivo es que han empezado a proliferar las denuncias de ciudadanos que están sin trabajo y que ven como su vecino o su antiguo compañero de trabajo está cobrando el desempleo y trabajando y eso irrita a la población. Lo que sale del Estado es de todos, hay gente que empieza a tirar y hay un momento en el que hay que decir ya basta porque esto se va a romper. La economía irregular es ahora mucho mayor que en los momentos de auge. Casi en cada visita que hacemos nos encontramos algo. Creo que hay mucho más trabajo de lo que se dice, aunque es cierto que nos llega un bombardeo de expedientes de regulación de empleo. No he visto una crisis como esta nunca.

-¿Qué es lo que más se encuentran?

-Personas sin dar de alta y gente cobrando el desempleo trabajando es lo que más nos encontramos. Ya es muy raro hallar trabajadores extranjeros sin autorización porque no hay trabajo. Hay también muchos profesionales cualificados cobrando la invalidez absoluta y trabajando a tope por cuenta propia.

-Veo que entonces queda mucho por hacer.

-Hemos dado saltos de gigante. Desde 2006 tenemos un sistema informático de gestión que nos ha dado una fuente de información fantástica de todo lo que hacemos y el trabajo que queda pendiente. Pero queda mucho por hacer. Hay que cambiar la mentalidad de los ciudadanos y conseguir que todos seamos honestos. Que todos pensemos que tenemos que trabajar para vivir y que tenemos que ser un pueblo más serio.

-Ha estado en Zaragoza, Madrid y desde hace 16 años en Málaga ¿hay mucha diferencia entre un sitio y otro a la hora del fraude?

-Hay empresarios magníficos y gente pilla en todos sitios. Lo que sí creo que en Andalucía se busca más la ayuda pública, es decir, que se piensa más que se tiene derecho a conseguirla aunque igual no se tenga. Hay un mayor espíritu de subsidio. La gente se pregunta más qué tiene que hacer para obtener una pensión o cualquier tipo de subsidio.

-¿Qué prima a la hora de hacer una inspección de trabajo?

-En la inspección no hay amigos sino una aplicación de la ley y una vigilancia del cumplimiento de la norma. El gran potencial de la inspección de trabajo es que todos los inspectores actúan de forma técnica y con total neutralidad e imparcialidad. Creo que ése es nuestro gran potencial, porque no somos un organismo político sino técnico. Los funcionarios en Málaga trabajan muy bien y siempre tienen disponibilidad para las actuaciones más insospechadas. Hemos ido a las 4 de la mañana a Mercamálaga o a una fábrica de pan, los fines de semana, etcétera. También han colaborado mucho las Fuerzas de Seguridad del Estado.

-¿Han corrido peligro los inspectores en algún momento?

-Bueno, hemos necesitado la presencia de la policía en algunos controles en bares de copas, de alterne o en algún concierto. Recuerdo alguna discoteca con un nombre comercial duro en Málaga ciudad donde la propia policía se tuvo que marchar para volver otro día de cómo estaba aquello. También son problemáticos los mercadillos. En los bares de alterne te ponen mil excusas, te dicen que eso es un hostal y que hay clientes con señoras que se alojan allí.

-¿Cuál es la excusa más peregrina que le han dado?

-Recibimos excusas de todo tipo todos los días. Recuerdo ver a un camarero sirviendo, irme para él y que me dijera que no trabajaba allí, que se iba a tomar un café, lo cogió de la bandeja y se lo tomó delante mía. Cuando nos encontramos a gente trabajando y cobrando el paro siempre nos dicen que acaban de llegar para ver a un amigo. Otros muchos nos dan la identidad de otros trabajadores que sí están dados de alta. Eso es muy común.

-Y se iniciará el espectáculo cuando le piden el DNI.

-Claro, nos dicen que no lo tienen. Le pedimos el carné de conducir y nos dicen que no conducen. Le preguntamos qué identificación lleva y nos dicen que al trabajo no llevan nada. Le preguntamos varias veces por el nombre o la fecha de nacimiento y al final les pillamos porque se suelen equivocar. También vemos mucha gente que se esconde en el baño. Estamos a lo mejor en un restaurante y se forma de pronto una cola en el baño enorme y la puerta no se abre nunca. Le decimos que abran la puerta porque es absurdo y salen cinco o seis empleados medio congestionados.

-Alguna situación le habrá dado pena.

-Me dio mucha pena un día que iba por el coche en Archidona y vi una obra en la que derribaban un edificio sin condiciones de seguridad. Aparqué y desde la calle conté unos 12 trabajadores. Había una puerta cerrada, llamé, un señor dijo que iba a abrir y lo hizo tras un rato enorme. Le pregunté por los trabajadores y me dijo que estaba solo. Tras un rato discutiendo, vi que había una lona enorme y muy extendida. Le dije que levantara la lona y estaban allí escondidos en pleno verano. Me dio pena que la gente se escondiera de mí, porque yo iba a proteger la ley y la seguridad de los trabajadores. Me impactó muchísimo.

-¿El fraude se hace por lucro o por necesidad?

-Ahora igual se puede decir que haya gente que lo haga por necesidad pero desde luego en los años de auge fue por lucro. Porque la gente quiere más y no tiene la conciencia de que está defraudando y fastidiando el sistema público.

-¿Es imposible acabar con la economía irregular?

-Es un problema de educación. El que defrauda no es un listo sino un sinvergüenza, así de claro. Hay que enseñar en las escuelas la idea de que el Estado somos todos.

-¿Hay un perfil del defraudador?

-El fraude está tan extendido que no hay un perfil definido. Hay una connivencia entre empresario y trabajador. Se han creado muchas empresas ficticias o hacer como que contrato a mi hija o mi prima para que pueda cobrar prestaciones.

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