Alcalá de Henares, terror laboral


Mala cosa es que padezcamos la crisis que padecemos, y peor todavía que por su causa haya millones de desempleados, no faltando familias que tienen a todos sus miembros en el paro; pero que haya empresas que se beneficien de ello y usen permanente la amenaza del despido para extorsionar a sus trabajadores –y tanto más cuando no ha habido una merma considerable de negocio-, es algo absolutamente intolerable pero que, desgraciadamente, está sucediendo ante los ojos de todo el que lo quiere ver. Y no se trata de empresas pequeñas con uno o dos trabajadores que tiene sobre sí la espada de Damocles del cierre –lo que tampoco justificaría el atropello laboral-, sino que estoy refiriéndome a potentes multinacionales de mucho márquetin y publicidad y sobradamente conocidas por todos, sin excepción.

Así la cosa, ello es que cuando se inició la crisis contaba en plantilla de una de estas truculentas multinacionales con casi cuatrocientos trabajadores, el volumen de negocio desde entonces no ha bajado de forma significativa, pero hoy apenas si quedan algo menos de cien trabajadores, los cuales han de hacer, por miedo al despido, jornadas mucho más extensas de las legales, doblar turnos, trabajar fines de semana, no descansar los días ni las horas prescritos por ley, no cobran las horas extras que hacen, se les han bajado los sueldos, y…, ¡chitón!, que si no hay despido. Mismo negocio, trabajadores sin derechos, menos sueldos, más horas laborales, silencio so pena de despido: negocio redondo.

Primeras vendedoras degradas de categoría porque se quedaron embarazadas o porque tuvieron la osadía de solicitar una reducción de jornada para atender a sus niños –con la consiguiente reducción de salario, por supuesto-, amedrentamientos de los jefes o directores del tipo “quien prefiera a la familia que al trabajo que lo diga, y será despedido ahora mismo”, o el tener la certeza, por lo sucedido con otros trabajadores, de que si se reclama lo que corresponde por derecho o se protesta cualquier orden de los jefes, por desquiciada o loca que sea, uno puede considerarse ipso facto formando fila en el INEM, son situaciones que estos trabajadores viven cada día pero que no pueden denunciar, por una parte porque los sindicatos ni están ni se los espera, y por otra, porque, en cualquier caso, se podrían considerar despedidos en el momento, y a ver cómo alimentan a su familia o hacen frente a los pagos que les permiten tener un techo para cobijarse. Terror laboral en estado puro, en fin.

La presión que soportan estos trabajadores no es fácilmente comprensible por quienes jamás han experimentado lo que es el miedo, ero es algo terrible que viven desde la mañana hasta la noche y día tras día, sin verle un horizonte final. Se saben abandonados a su suerte por los sindicatos, por los pomposos políticos que priman a estas empresas sobre cualquier derecho de los trabajadores –ambos dos partidos mayoritarios han realizado imponentes mítines en la ciudad, llenándoseles a los oradores la boca de grandilocuentes y falsas palabras de justicia social-, y por la misma ley, la cual no remedia su situación ni se digna a hacer una investigación a fondo con la discrección necesaria para quien se manifieste con franca verdad no sea castigado. Y no es algo que desconozca la autoridad competente, porque casi cien trabajadores activos, y casi trescientos despedidos en poco más de dos años, son demasiadas voces en una ciudad semejante como para que no haya llegado a los oídos de incluso los sordos. Pero como si nada; nadie ha movido ni un dedo, porque a nadie, a ninguna autoridad, le importa la realidad a pie de calle, los problemas de los ciudadanos, sino que sólo se interesan un poco ellos nada más para pedirles con mentiras el voto que a ellos les permitirá seguir viviendo como duques, aunque de espaldas a la realidad.

No son pocas las multinacionales que Alcalá de Henares y en toda España están sacando enjundiosos beneficios de la crisis mediante la explotación laboral más salvaje y el pánico más espantoso de los trabajadores, si bien cuentan con la inestimable ayuda de unas falsarias autoridades que interesadamente miran para otro lado. Sorprende mucho, especialmente por cuanto muchas de estas empresas han sido montadas con alfombra roja, siéndoles regalados los terrenos en que se ubican y habiendo obtenido exenciones fiscales insultantes durante años y años, entretanto los empresarios españoles han de bregar con lo peor y más dictadorzuelo de la contraparte. Pero si esto sorprende, y lo hace mucho, causa todavía más estupor que otros trabajadores –jefecillos de medio pelo o gerentuchos de mucha soberbia y poco sueldo-, se hayan convertido en implacables martillos de herejes para los trabajadores de menor rango, cual si ellos no lo fueran también o pertenecieran a la casta de los brahmanes. Y nada que ver. Llegada su hora, serán despedidos con la misma impiedad como los despojos que son, sólo que contando en sus casos con el cerrado aplauso de todos aquellos a los que pisotearon sin piedad durante su imperio del terror.

Algo urgente y expedito tendrían que hacer las autoridades para poner a estos truhanes en sus sitios, que es ni más menos que de patitas en el desempleo al que ellos han enviado a cientos, y a estas multinacionales en aquel país de la poderosa Europa de la que provienen o, mejor todavía, en las Chimbambas Orientales -siempre después de ejemplarizadoras sanciones-, a ver qué tal se les da. Bueno sería un castigo que siente precedente porque, lamentablemente, esto se está convirtiendo en el pan nuestro de cada día, y, de no frenarse ya y por la vía del modelo ejemplarizador, es probable que dentro de poco, en estas empresas sin escrúpulos se les dote a estos jefezuelos sin escrúpulos de látigos, a fin de que traten a esos aterrorizados trabajadores como los verdaderos que esclavos que son.

España, Alcalá de Henares: sol y asquito.

Alcalá de Henares, terror laboral

 

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