La muerte tiene forma de ladrillo


Se llamaba Javier Sánchez Elgueta. Era un trabajador autónomo. El 4 de marzo cayó desde más de 20 metros de altura cuando remataba la construcción de una nave. El inspector, un hombre con gabardina y pelo revuelto, echó un vistazo a la grúa que se había desplomado un rato antes y bramó: “La seguridad en este lugar es un desastre”. En ese momento, un empleado de la funeraria recogió las pertenencias del muerto: una chaqueta y las llaves de un coche. También un móvil de última generación que no paraba de sonar.

“Se recorta en seguridad, se va a la oferta más baja”, dice una inspectora

Una obra terminada sin víctimas se corona con una bandera de España

Sánchez Elgueta fue la decimotercera víctima mortal de los accidentes laborales en este año. Hasta ayer han fallecido 30 personas. El empleo en la construcción se ha desplomado tras el estallido de la burbuja inmobiliaria (un 42%, 271.375 contratos en 2007 frente a los 159.625 en 2011), pero las cifras de muertos no han caído al mismo ritmo. El panorama es desolador: andamios mal montados, zanjas que se desploman en obras ilegales. Un drama acompañado del drástico recorte que han aplicado muchas empresas en medidas de seguridad y la recogida furtiva de trabajadores sin contrato al amanecer. El resultado es que un trabajador muere en la región cada tres días y, cada dos, un par sufre un accidente grave.

A media mañana de un día entre semana, un coche cruza el puesto de control que vigila el acceso a Los Molinos, el mayor desarrollo urbanístico que se levanta en la región, con 6.000 viviendas a medio hacer en Getafe. A cada rato un avión sobrevuela la maraña de grúas dispersas por toda la planicie. Del vehículo baja una curiosa pareja, un cordobés de 23 años llamado Ernesto y un hombre de 64 conocido como Juanino. Son técnicos en prevención de riesgos laborales de UGT, una especie de vigías que visitan a diario obras dando tirones de oreja a empresarios y trabajadores, convencidos de que todos los accidentes se pueden evitar.

Juanino otea el horizonte y frunce el ceño cuando ve a un chico de mono azul trepar por el exterior de un andamio. “¡Qué haces, hombre, qué haces!”, le increpa. El trabajador, sorprendido, le responde ya desde lo alto: “Ya, ya lo sé. Es que no hay otra forma de hacerlo”. Y pide disculpas. Justo en esa obra murió un hombre hace 15 días. La visita continúa. Juanino es el más enérgico en esta mañana de cielo encapotado. “Ponte el arnés, hombre”; “ese casco”; “hijo mío, te da un mareo y te has matado. Sujétate por Dios”. Ernesto, al volante, reflexiona: “Llevo tres años en esto y no he visto ni una sola obra que cumpla todos los requisitos”. Peones que se pasean sin sujeción por precipicios, hombres sin casco, cables sueltos junto a charcos y bidones de gasolina.

La siguiente parada de los técnicos es una obra en estructura. Todavía se ven las varillas de ferralla. “Este es el peor momento, el más peligroso. Todo está lleno de agujeros”, dice Juanino y señala con el dedo las escaleras del forjado que deberían sobresalir un metro. Casi ninguna lo hace.

Por un camino de tierra un chico a los mandos de un toro con palés de ladrillo que cubren todo el cristal delantero conduce sin ver nada. Saca medio cuerpo del vehículo. Juanino le increpa con los brazos abiertos. El tipo pide perdón. En caso de que los técnicos vean alguna negligencia tienen el deber de comentárselo al capataz de obra. El encargado suele enmendar a los infractores, que en realidad están poniendo en peligro su propia vida, pero si no lo hace, los miembros del sindicato informan a la Inspección de Trabajo.

Una inspectora de este departamento que prefiere no desvelar su nombre destaca que las obras pequeñas son en las que se registran más muertes, quizá preocupadas menos por la seguridad y al estar menos expuestas a los controles. Unos 100 inspectores rastrean la región. En Los Molinos, donde mandan las grandes constructoras, hay muchos controles pero aun así han muerto tres trabajadores desde que se comenzó a levantar el barrio.

Las empresas invierten entre el 1% y el 2% del presupuesto en seguridad. La inspectora añade: “Es cierto que siempre que se recorta es de seguridad, no solo las empresas, las contratas suelen ir a la oferta más baja, que a veces ni siquiera es legal”.

Rosa María Robledano, secretaria de Salud Laboral de UGT, aboga por tener “tolerancia cero” con los incumplidores, a los que pide que les caiga todo el peso de la ley. “En Madrid no ha ido ningún empresario ni ningún capataz a la cárcel. Y hace falta que se publique el nombre de las empresas que no cumplen y que exponen a sus trabajadores a la muerte”, afirma Robledano. En otras comunidades como Cataluña o Castilla y León sí se hace. Los sindicatos piden que la Comunidad de Madrid se presente como acusación en casos en los que se ha visto delito o se sospecha que el riesgo de que este se produzca es evidente.

El coche de los técnicos se hace a un lado. Baja Juanino. Un carpintero aupado a una azotea, aparentemente sin arnés, da golpes a una estructura con el cuerpo en suspensión. El sindicalista le grita desde abajo, y muchos de los que se emplean dejan lo que están haciendo y observan a Juanino con curiosidad. El carpintero, deprisa, desciende por las escaleras hasta toparse con el técnico.

-De verdad que iba enganchado pero desde aquí no lo ves.

-No me cuentes historias, no soy tonto…

-Lo que tenéis que hacer es pasaros por aquí a última hora y veréis cómo trabajamos horas de más. Y si te quejas, te dicen que ahí tienes la puerta. Los sindicalistas estáis escondidos, coño.

-Pues denuncia y así podemos inspeccionar la obra.

-Claro, y me echan a la calle. Hay casi cinco millones de parados, no está la cosa para jugársela…

La discusión, después de cinco minutos, no avanza. Ernesto, el más joven, sabe lo que es firmar un contrato y al mismo tiempo rubricar la baja, para que pueda ser despedido cuando la empresa lo considere. “Eso me mueve a pasar días visitando obras. No quiero que mueran obreros ni que trabajen en malas condiciones”.

Terminada la disputa, la pareja se dirige a un edificio casi terminado. Una bandera de España está colocada en lo alto. Significa que los obreros han cubierto agua, como se llama a dar por acabada la estructura, sin muertos ni accidentes graves. “Espero que algún día todas las construcciones puedan poner una en lo alto”, zanja Juanino. Se sube después al coche y se va con la misión de seguir salvando vidas.

http://www.elpais.com/articulo/madrid/muerte/tiene/forma/ladrillo/elpepuespmad/20110425elpmad_3/Tes

Print Friendly, PDF & Email
Anterior Extremadura registra en lo que va de año un total de cinco muertes en accidente laboral
Siguiente TS estima indemnización de 3.000 euros contra una empresa por daños en vulneración del derecho de libertad sindical

Comentarios

Sé el primero en comentar

Normas de participación:

En abusospatronales.es no nos hacemos responsables de los contenidos de los comentarios. El usuario es responsable de la totalidad de las manifestaciones en Internet igual que en cualquier otro lugar. Los comentarios no tienen por qué corresponderse necesariamente con nuestra opinión. Los comentarios serán moderados y necesitaran la aprobación del equipo. Nos reservamos el derecho de suprimir referencias a personas concretas, insultos o amenazas, así como el derecho a no aceptar determinados comentarios -o parte de ellos- por el incumplimiento de las normas que exponemos a continuación. Lee las normas aquí. Lee también Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

.
Notificarme vía email si hay
avatar
wpDiscuz