“¿Quieres venir a liberar fluidos?”


Una interina de la Dirección General de Policía sufrió durante casi dos años el asedio asfixiante de su superior, empeñado en tener con ella una aventura. P. G. D., jefe de servicios generales de los Mossos d’Esquadra en Barcelona, se sentará en el banquillo de los acusados por los delitos de acoso y abusos sexuales contra la empleada, a la que llegó a aislar de sus compañeros tras su primera negativa a mantener relaciones. El funcionario, que controla la cocina de la policía autonómica desde la comisaría de la calle de Bolívia —planificación horaria, dietas y vales de comedor, horas extras, peticiones de formación, mutuas de accidentes, licencias, permisos y vacaciones—, afronta una petición de tres años y siete meses de cárcel. El fiscal pide, además, que indemnice a su víctima con 50.000 euros por daños morales y que sea inhabilitado para empleo público.

La obsesión de P. G. D. con la interina tuvo su primera manifestación en septiembre de 2006, cuando, fuera del horario laboral, la llamó desde su móvil de trabajo: “¡Eh, animalillo! ¡Estamos aquí! ¿Quieres venir a liberar fluidos con nosotros?”. Dos días después, la administrativa le afeó su conducta y el acusado prometió que el incidente no se repetiría. El jefe de servicios generales impulsó entonces “una campaña de aislamiento personal”, según el fiscal, y le impidió hablar con otros hombres de la comisaría. P. G. D. extendió después ese veto al conjunto de la oficina.

Un traslado de planta del área de Servicios Generales dio a P. G. D. una nueva oportunidad de incrementar la presión. “Aprovechándose de ser el responsable” del área, recoge el escrito de acusación, logró que la víctima se sentara frente a él. Durante dos meses de 2006, pidió a la mujer, “de forma obsesiva”, que le acompañase a comer. La llamaba a todas horas, dentro y fuera del horario laboral, con cualquier pretexto. La empleada se sentía angustiada y pensó que, si accedía a la cita, tal vez podría “aclarar la insoportable situación”, ya que ir a trabajar se había convertido en una pesadilla.

El acusado forzó una cita con la mujer y le insinuó que medraría a cambio de sexo

Tras el sí forzado de su subordinada, P. G. D. la llevó a un restaurante del Port Olímpic y allí le hizo pasar “momentos angustiosos”, según el fiscal. “No te has dado cuenta de lo buena que estás, tú y yo tenemos que acabar follando, tienes unos ojos preciosos, unos dientes…”, le dijo. En su estrategia de acoso y derribo, el acusado le ofreció drogas —“si tú quieres nos metemos unas rayas, en media hora lo tenemos aquí, lo que quieras”— e insinuó que, si accedía a sus deseos, podría prosperar en Interior: “Tendrías que estar halagada con todo lo que hago y quiero hacer por ti”.

Era la oportunidad que llevaba semanas esperando. De modo que, al salir del local, y “con evidente ánimo libidinoso”, se abalanzó sobre ella, la abrazó y le dio un beso largo. La víctima pidió que la dejara en paz, pero el hombre siguió insistiendo en que debían “follar”, relata el fiscal. Al llegar a su casa, la interina “se dio cuenta de que ese episodio suponía un punto de inflexión en la relación laboral” entre ambos.

P. G. D. sigue ocupando su puesto en la Dirección General de Policía

Aquel fue el incidente más grave, pero no el único de esos dos años. A menudo, P. G. D. se escondía a la salida del lavabo para “abordar al descuido” a la administrativa y anunciarle que, al no poder estar juntos, “empapelaría su casa con fotos” de la mujer, que apenas comentaba el asunto con su marido por miedo a perder el trabajo: el acusado le recordaba siempre quién era el jefe.

P. G. D. también le hacía confesiones sexuales y llegó a crear un blog en Internet bajo el título Animalillo: aventuras y desventuras de un amante. Allí colgaba cuentos que alababan su amor por una joven y que obligaba a la interina a leer en la pantalla del ordenador. En vísperas del cumpleaños de la mujer, en 2008, le regaló una pulsera contra su voluntad. Espiaba su ordenador cuando ella no estaba. Insinuaba que no podía hacer nada sin él. Y le enviaba correos electrónicos de contenido sexual, en un calvario continuado que le hizo perder 14 kilos y la sumió en un estado ansioso-depresivo. “Tú pillarás, tengo un objetivo en esta vida. Yo no vengo a trabajar, vengo a verte a ti”, le dijo P. G. D. en alguna ocasión. El hombre fue nombrado jefe de Servicios Generales en 2007 y, aunque la Dirección General de Policía le abrió expediente por este episodio, sigue en su puesto.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/02/17/catalunya/1329434086_943828.html

 

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