En el Ayuntamiento de Madrid tenemos un protocolo de mobbing que es papel mojado. En este Ayuntamiento se están dando muchos casos de acoso laboral. Ya hay sentencias judiciales contra el Ayuntamiento por esta materia.

En otros casos, desde la buena fe ha tratado de resolverse el problema siguiendo el protocolo de acoso laboral del propio Ayuntamiento de Madrid, con escaso éxito. El Ayuntamiento invariablemente niega el acoso (pues eso les permite esquivar su responsabilidad: no tienen que reconocer a un acosado ni a un presunto acosador que es alguien amigo del PP colocado en el ayuntamiento). Sistemáticamente se alega que no hay acoso laboral sino “conflicto laboral”. Parece ser que, según el Ayuntamiento de Madrid, ninguno de los casos denunciados constituyen acoso laboral. Todos son denuncias falsas, al parecer. En todos estos casos, no se está haciendo nada para proteger la integridad física y psicológica de los trabajadores.

Cuento todo esto por experiencia propia. Durante varios años sufrí en primera persona el acoso laboral. Acusaciones falsas, mentiras, difamaciones, rumores, sobrecargas de trabajo, abusos, gritos en público. Un auténtico infierno. Llamé a todas las puertas pidiendo ayuda, y no me ayudó nadie. Finalmente, para liberarme, tuve que cambiarme de puesto perdiendo dinero y nivel, porque no había otra salida. Ni me ayudó Prevención (a quien recurrí pero tiraron balones fuera), ni los sindicatos, ni personal.

Necesitamos una defensa real de la integridad moral de los trabajadores en su puesto de trabajo. El derecho a la integridad psíquica y moral es un derecho recogido en la Constitución española. Venimos al trabajo a desarrollar unas funciones, a sacar adelante unas tareas, y a prestar un servicio público. No venimos al trabajo a ser maltratados por superiores jerárquicos colocados a dedo.