Trabajador cómplice de su propia explotación


Soy trabajadora de Imaginarium desde hace años, cuando inicié mi actividad laboral con esta empresa me enseñaron a identificar sus valores como míos o podría decir casi mis valores como suyos. Especial sensibilidad con el mundo de la infancia, compromiso con la educación en calores de igualdad, no violencia, no sexismo, el juego como experiencia de aprendizaje. Todo ello claro apoyado por la seguridad y calidad de los juguetes. Desde el principio es tan bonito que sin darte cuenta caes en un mecanismo de asunción de la actividad empresarial muy fuerte, de repente parece que la empresa es tuya y que tu trabajo es imprescindible. Una vez asumido esto resulta muy fácil tolerar todo tipo de actitudes por parte de la empresa.

Trabajar más horas de las que tienes por contrato, sin considerarse horas extras, pues no se pagan, ir a a otras tiendas con tu propio medio de transporte a recoger productos para clientes, salir una hora más tarde del puesto de trabajo, parecen ser concesiones voluntarias por el compañerismo que se establece en los propios centros de trabajo con todo tu equipo. Por no dejar a tu compañera “el marrón”, etc. De manera que el propio trabajador es cómplice de su propia explotación. Así a simple vista podría parecer como digo cosa de cada trabajador y por supuesto nada reprochable a la empresa por ser voluntario, el caso es que después de años y contactos con diferentes equipos de trabajo empiezo a entender que es una estrategia sutil pero pensada y sumamente efectiva. Que se perpetúe la actitud explotadora de la empresa efectivamente es más fácil si el trabajador no se rebela, no se organiza y no lo denuncia pero no hay que caer en la falacia, no es culpa del trabajador. Por otro lado hay una actitud claramente anti sindical de Imaginarium cuando en los mismo contratos se especifica la no existencia de representación sindical y cuando los intentos de que la haya habido han llevado a despedir a aquellas personas que intentaban formar un comité de empresa.

Existe una lógica empresarial que inserta al trabajador de tal manera que renuncia prácticamente a su vida privada, al tiempo libre y de descanso pues no haya manera de saber cuándo trabajarás la semana siguiente, no es posible organizar asistencias a clases o al médico porque siempre dependes del horario que tengan a bien ponerte tus jefes y que te comunicarán con como mucho cuatro días de antelación. Esto es independiente de si la jornada contratada es de 18, 20 ó 30 horas. Además siempre estarás disponible vía telefónica. Como digo esto son concesiones voluntarias que no firmas en ningún contrato si bien se tornan obligaciones cuando empiezas a resistirte a ellas y ves que ello trae consecuencias. Amenazas encubiertas en unos puntos suspensivos a la pregunta de ¿y qué pasa si me voy a mi hora y dejo esto como esté?

No pretendo aquí relatar mi experiencia estrictamente personal sino explicar una situación generalizada en las tiendas Imaginarium. Respecto a los incumplimientos concretos o ejemplos detallados (que escandalizan más) podrían ser otro capítulo.

 

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