Dos fábricas distribuían calzado para coser a mano entre 97 inmigrantes


Hace exactamente un año, a mediados del mes de marzo, dos inspectores de Trabajo y Seguridad Social apoyadas por miembros de la Brigada de Extranjería de la Policía Nacional, se presentaron en un local situado en la calle La Campa, en Logroño, y descubrieron una larga fila de mujeres, junto a sacos y cajas de cartón.

La mayoría de ellas era de nacionalidad marroquí y esperaba turno para acceder al interior del local de planta baja donde otra mujer, de nacionalidad española, se encontraba detrás de una mesa rodeada también de bolsas amontonadas y sobre la que los inspectores comprobaron que había hilos de coser y distintos documentos.

Interrogada sobre la actividad que desarrollaba en aquella lonja, de unos ocho metros cuadrados, la mujer aseguró que los bolsos contenían zapatos y que ella era trabajadora autónoma, con alta en el Régimen Especial dentro del epígrafe de ‘aparadora’ desde hacía unos 25 años. Indicó también a los funcionarios de la Inspección de Trabajo que su actividad económica se basaba en coser manualmente zapatos y en enseñar a otras mujeres, como las que se encontraban ese día allí, a realizar esta labor.

Señaló entonces también la ‘aparadora’ que los zapatos le eran entregados por dos fábricas de calzado riojanas que se desplazaban hasta Logroño en furgonetas propias de esas empresas. Además, desde esas mismas fábricas le llegaban también las hojas de producción donde se detallaban las tareas a realizar.

En metálico y sin recibo

Informó también esta mujer de que ella se encargaba del reparto del material entre las trabajadoras, a las que había asignado un número, que le servía para llevar la contabilidad de los posteriores pagos, que se realizaban en metálico y sin recibo alguno, y para que en la fábrica controlaran la calidad del cosido y supieran identificar a la mujer que había cosido cada par, puesto que si el trabajo era defectuoso, devolvían el calzado y la mujer debía volver a coserlo sin contraprestación económica alguna.

Los inspectores también constataron que en la documentación de la mujer encargada del reparto de las tareas figuraba una lista numerada de hasta 97 trabajadoras. De las declaraciones realizadas con posterioridad por las mujeres ante los funcionarios, éstos dedujeron que las trabajadoras percibían entre 60 céntimos y 1,30 por cada par de zapatos cosido en sus respectivos domicilios. Las cantidades cobradas mensualmente por las inmigrantes oscilaban entre los 40 y los 200 euros, según sus propios testimonios.

La mujer intermediaria de las dos fábricas de calzado manifestó también que ella se encontraba «en nómina» y que cobraba entre 900 y 1.200 euros mensuales de cada una de las dos empresas riojanas.

En esta primera fase de la investigación, los inspectores ya pudieron comprobar que una de las mujeres percibe la prestación de renta activa de inserción y que es beneficiaria del subsidio por desempleo desde mayo de 2009.

Los funcionarios requirieron la comparecencia de la ‘aparadora’ y de las mujeres encontradas a la puerta del local en la sede de Inspección de Trabajo y Seguridad Social, así como de los representantes de la empresa para la que había trabajado la mujer que tenía reconocidos sus derechos como desempleada. La intermediaria y su asesor legal aportaron varios documentos y declaraciones de oficiales de operaciones con terceras personas que reflejaban los pagos que las empresas realizaban a esta mujer para que ésta, a su vez, abonara los trabajos a las inmigrantes.

En el informe emitido con posterioridad por la Dirección Territorial de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de La Rioja se concluye que las empresas mantenían «relación laboral» con estas trabajadoras, puesto que estas estaban identificadas ante la intermediaria, tenían asignado un número que permitía la identificación individualizada de la labor e incluso marcaban con ese número cada par que cosían en el interior del calzado. También recibían los materiales directamente de las fábricas, desde donde también fijaban los días de entrega y recogida del calzado.

De igual manera, se constata que la intermediaria percibía retribuciones de similar cuantía todos los meses y que esta ‘nómina’ era considerablemente inferior al monto total que la mujer que repartía las tareas recibía de las empresas, por lo que no se estima que fuera la única perceptora de estas cantidades.

http://www.elcorreo.com/alava/v/20120317/rioja/fabricas-distribuian-calzado-para-20120317.html

 

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