Amianto. Una epidemia oculta e impune.
Entrevista a Paco Puche por César de Vicente Hernando, colaborador de ABP


Paco Puche
Paco Puche


César de Vicente Hernando

Nuestra sociedad sigue creyendo en el progreso permanente y en el crecimiento económico ilimitado. No parece que sean suficientes las muestras del desastre que tales ideas están teniendo cuando no se ajustan a los límites que hemos encontrado hace muchos años en nuestra vida. Con la revolución industrial (en sus tres periodos que van de la máquina de vapor a la modificación genética y las comunicación digital), se impuso la idea de que el ser humano podía extraer, transformar y elaborar todo lo que había sobre el planeta. Algunas cuestiones ya se advierten sumamente peligrosas para la vida; oponerles un principio de precaución, como el que se propone desde la filosofía y la ecología, podría ser un punto de apoyo para un pensamiento crítico sobre el progreso. Por una parte, triunfan gobiernos que impulsan políticas ecocidas; por otra, nos enfrentamos a los efectos de todo un siglo de industrialismo descontrolado.

De todos ellos, los efectos que no dejan rastro visible, como la contaminación nuclear o la intoxicación por partículas en suspensión en el aire, son los más difíciles de mostrar, más allá –claro- de los cuerpos humanos muertos o de la naturaleza devastada que son consecuencias de los mismos. Esa es, precisamente, una de las primeras y largas batallas que van a darse en torno a la producción industrial de amianto y que el capítulo 4 de este libro se encarga de relatar: la lucha por el reconocimiento de las enfermedades derivadas de la exposición al amianto, la lucha por hacer valer un conocimiento sobre el peligro para la vida del amianto. Casi todos esos efectos, además, dejan residuos que suponen una nueva amenaza, como podemos leer en las páginas del capítulo 11 de “Amianto. Una epidémica oculta e impune” en torno a los procesos de desamiantación y la gravedad de los mismos.

El amianto (conocido en España como uralita), el mineral usado para la construcción de tejados, tuberías de conducción de aguas, pozos y, por su alta resistencia, para toda una multitud de productos de uso cotidiano, fue prohibido en España en 2002. Pero sus efectos persisten: ahora tenemos que hacer frente a los escombros y desechos que deja cuando se destruye o acaba su ciclo de vida (Capítulos 1 y 2). Estos trabajos deben realizarse con protocolos de alta seguridad por su enorme grado de toxicidad. En los veinte años que van desde los primeros informes laborales (1930) a los científicos (1955), se conoce la relación causal que existe entre el amianto y la aparición de enfermedades mortales entre los trabajadores de esta industria y su alta capacidad contaminante en zonas cercanas a los lugares de producción. Y, sin embargo, el silencio sobre esta información hizo que las grandes empresas del amianto siguieran enriqueciéndose y que los gobiernos tardaran mucho tiempo en prohibirlo (capítulo 3). Con todo, continúa la producción, la importación, la transformación y el consumo de amianto en muchos países del mundo. Hace años que la globalización también tiene que ver con el hecho de que necesitamos luchas mundiales, más allá de las fronteras “nacionales”, porque determinados hechos afectan ya a todos los seres humanos.

El libro de Paco Puche es escalofriante. No sólo cuando trata de establecer la magnitud global de las víctimas mortales del amianto en todo el mundo (capítulo 6), calculadas en 5 millones, sino cuando intenta advertirnos de quienes serán víctimas en los próximos años, condenadas a morir por la ambición y la barbarie del “progreso”. Resulta impresionante el capítulo que dedica su autor a la lucha que las propias personas afectadas, o sus familiares, o las asociaciones, han emprendido para denunciar su situación, sus condiciones, el desamparo y la vulneración de sus derechos sociales y laborales (capítulo 9).

Todo este horror sólo ha podido permanecer oculto gracias, en buena medida, a las estrategias judiciales interesadas en salvaguardar a los responsables (capítulo 8) y a las políticas de intromisión en el interior de las luchas contra el uso del amianto a través de fundaciones y ONGs (capítulo 13) que han hecho las mismas empresas que dominaban el comercio del amianto; así como a la lenta y ralentizada labor de los gobiernos incapaces de defender a sus ciudadanos frente a la voracidad económica de los negocios de la industria.

El libro incluye información sobre la situación del amianto en España (capítulo 7), la responsabilidad evadida de la familia March o el peligro aún latente puesto que la mayoría de edificios levantados en España entre 1965 y 1984 contienen amianto, bien en sus elementos de construcción, bien en sus instalaciones.

Paco Puche es ecologista, activista y editor. Ha publicado numerosos artículos sobre este asunto en revistas y ha dedicado buena parte de su tiempo a difundir la información sobre la industria del amianto y sus peligros y a organizar en colectivos como Ecologistas en acción o plataformas como “Málaga Amianto Cero”.

 Abusospatronales.- Acabas de publicar un libro demoledor sobre el amianto. ¿Por qué crees que este asunto ha estado tan oculto hasta ahora y se conoce tan poco sobre el mismo?

Paco Puche.- Es un clásico: las empresas del sector a partir de principios el siglo XX (1929 exactamente) se constituyen  en cártel, la SAIAC (Sociedad Anónima Internacional de Asbesto Cemento), para controlar mercados, precios e información médica y de salud. Era un sector muy rentable, más que la media, y tuvo su máximo esplendor con el boom de la construcción de viviendas después de la segunda guerra mundial. Durante unos 100 años fue dominado por cuatro empresas y unas siete familias. En España ese rol lo ocupó la empresa Uralita de la familia March que formaba parte del cártel. Era imprescindible para seguir con el boyante negocio que no se supiera de su letalidad, y lo han conseguido hasta el punto de que todavía la gente no sabe lo que es el amianto o el asbesto, sí las “uralitas”. Fueron ayudados por el hecho de que las fibras de amianto son invisibles y que producen sus fatales efectos hasta 40 años después  de la primera exposición. Amén de la pobre reacción de la sociedad civil.

Abusospatronales.- ¿Cuál es la amenaza real del amianto? ¿En qué se concreta?

Paco Puche.- Es un cancerígeno de tipo 1 según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS. Uno de los materiales más peligroso de los que se conocen. Eso significa que produce enfermedades malignas, algunas específicas como el mesotelioma, y muchas otras enfermedades de menor gravedad. Multiplica hasta por 40 o 50 veces el riego de cáncer de pleura con la exposición laboral, por ejemplo. Las muertes en España por todos los medios (laboral, familiar y ambiental) van a suponer una carga de muertes del orden de más de 100.000 personas. En el mundo se calcula una horquilla entre 5 y 10 millones de personas, más que la primera guerra mundial. Y esto por la exposición y manejo del siglo XX. Como sigue permitido en muchos países, la matanza se incrementará. Ha sido una buena gestión privada de los beneficios criminales de estas pocas grandes empresas. Un genocidio.

Aún hoy, con las prohibiciones ya operativas, el 60% de todos los cánceres laborales en el mundo se debe a la sustancia “amianto”.

Abusospatronales.- Con la consideración de “enfermedad laboral” en muchos tribunales se ha desvelado el grave riesgo que la industria del amianto ha supuesto para los trabajadores. ¿Cómo se consiguió llegar a ese punto? ¿Derivó la prohibición del uso del amianto de este descubrimiento?

Paco Puche.- La inclusión de algunas de las enfermedades producidas por el amianto en la lista de “profesionales” es muy anterior a la prohibición en los 58 países en que el mineral está prohibido. Desde 1937 ya empezaron a incluirse en los países europeos. En España la asbestosis se incluye en 1947 y algunos cánceres en 1978. La presión para la inclusión se debió especialmente a los trabajos científicos y epidemiológicos y a avisos institucionales que desde 1898 (sic) se estaban dando. La prohibición vino mucho después con la presión sindical y social añadida.

Abusospatronales.- ¿Qué queda por hacer en relación con las víctimas del amianto?

Paco Puche.- Las tres cosas que definen el estatuto de las víctimas: verdad, justicia y reparación. Contar los hechos ocultados, cosa que ya estamos haciendo los que nos dedicamos a la lucha contra el uso de este material  y sus consecuencias. Desvelar  a los principales culpables de estas matanzas que los hay y muy concretos: los March, los Schmidheiny, los Emsens,  los De Cartier, Los Cuvillier, Los Turner y pocos más. Exigir justicia penal para ellos, que no queden con la sonrisa prepotente  de la impunidad.  Atender a las víctimas con reconocimiento, apoyo médico y sicológico e indemnizaciones. Y exigir a los culpables secundarios (cooperadores y cómplices de estos canallas) que pidan perdón públicamente. Me refiero al episodio tan desagradable de los cooptados por la  fundación AVINA en España y Latinoamérica, que han resultados ser gentes destacadas de los movimientos sociales alternativos: hablo de Pedro Arrojo (hoy diputado por Podemos), Jerónimo Aguado, Xavier Pastor (ex director de Greenpeace), Víctor Viñuales, Leonardo Boff, el jesuita Ugalde (rector de la Ucab) y su grupo Palmera y muchos otros menos destacados pero igualmente cómplices. AVINA es una fundación que pertenece  al mayor magnate del amianto en el mundo, el suizo Stephan Schmidheiny, que sirve para lavar su imagen y para penetrar en los movimientos sociales alternativos.

Abusospatronales.- Los procesos de desamiantación son ahora un reto para las sociedades que lo han prohibido. ¿Qué pasos deben seguirse y quiénes deberían implicarse en consolidarlos?

Paco Puche.- El amianto aunque prohibido en España, está disperso en miles de productos para los que se usó. Hay cerca de 3 millones de toneladas en viviendas, fábricas, vehículos, tuberías y depósitos de agua, colegios, etc. Y sigue siendo peligros. Dice la IARC que no hay dosis mínima segura que no incremente el riesgo de cáncer. Todo es peligroso, aunque en proporción a la exposición y a la suerte (a veces pequeñas dosis son letales en el tiempo). Nos queda la tarea del desamiantado seguro y la colocación en vertederos controlados (o mejor a la inertización de todo lo existente). Decimos seguro porque si no se hace bien (hay legislación suficiente) el remedio puede ser peor que la enfermedad. Eso significa que hay que exigir a las empresas máximo rigor y que la administración ha de vigilar todos esos procesos. Cosa que hoy por hoy ocurre en muy pequeña proporción.

Abusospatronales.- ¿Cómo se pueden trasladar las luchas y conocimientos sobre la industria del amianto a otros países en los que se sigue utilizando? ¿Podría existir una acción internacional?

Paco Puche.- Con organizaciones y encuentros internacionales. En ello estamos aunque desesperadamente lentos. En julio hay encuentros de este tipo en Birmingham y Manchester  donde acudiremos delegaciones españolas. Otro polo de presión debería ser la UE en la que ya hay antecedentes prometedores en este terreno y en otros relativos al amianto. El parlamento Europeo se pronunció con contundencia en 2013, con la anuencia de casi todos los grupos políticos que aquí en su casa a veces  dicen lo contrario, acerca del desamiantado para antes de 2030 y para luchar por la prohibición universal.

Finalista del Premio Catarata de Ensayo 2016, Amianto, una epidemia oculta e impune nos obliga a decidirnos de una vez sobre qué progreso queremos y cómo resolvemos los fantasmas del presente.

Paco Puche.- Amianto. Una epidemia oculta e impune, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2017, 156 páginas.

 

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