Una mirada crítica sobre los Abusos Patronales en las grandes corporaciones

Por César de Vicente Hernando, colaborador de ABP


La película Corporate narra cómo una gran empresa urde un plan para deshacerse de empleados a los que no puede despedir fácilmente. Para ello les acosa sometiéndoles a todo tipo de vejaciones, provocando el suicidio de varios. Un caso que se asemeja mucho a las prácticas por las que está siendo juzgada en Francia France Télecom, que tras privatizarse pasó a llamarse Orange.


Una de las posibilidades sociales del cine es su capacidad de conformar un relato sobre determinados hechos que aparecen como desconectados o se muestran fragmentarios: la labor de cohesionarlos y establecer un sentido preciso de los mismos le da al cine un poder de persuasión notable. Por otra parte, las películas facilitan la conversión de sucesos que, en apariencia, afectan a individuos aislados en problemas sociales que soportan miles de trabajadores y empleadas. Esto es lo que hace Corporate, una película francesa escrita por Nicolas Silhol y Nicolas Fleureau, y dirigida en 2017 por el primero.

Hay, al menos, dos relatos en este film: el primero, central, tiene que ver con la política de personal de una corporación que elabora un plan, el llamado “Ambición 2016”, por el que se trata de reducir la plantilla de trabajadoras y empleados de la empresa “sin proceder a su despido”, Lo dice la jefa de recursos humanos durante un curso de formación: “buscamos a alguien que eche limpiamente a los empleados sin despedirlos”. El procedimiento, descrito en el plan “Ambición 2016”, consta de 3 fases: en la primera, se hace una evaluación de comportamiento de los empleados, que permite a la empresa centrarse en los trabajadores que se resisten a los cambios y no pueden echarlos. En la segunda, se actúa sobre ellos incitándoles a trasladarse de sede, aunque lleven tiempo en un mismo lugar y tengan hecha su vida en él. En la tercera, que llaman la “trinchera” se les obliga a aceptar cuantos traslados se consideren, y si no aceptan, se pone en condiciones de marginalidad y desprecio, hasta que el trabajador o la empleada desisten. Es, dice la jefa de recursos humanos “como pedir a un empleado que se despida a sí mismo”.

El segundo relato arranca con el suicidio, en la misma sede de la empresa, de uno de los trabajadores al que se le ha sometido a la tercera fase (su despacho es un cuartucho aislado del resto donde está la fotocopiadora y cajas) y la investigación que realiza un comité interno, que lo orienta hacia un problema del propio empleado, recientemente divorciado y con depresión; y la inspectora de trabajo, que encuentra fallas en la información de este comité interno. Conforme se produce la investigación, la empresa, viéndose cada vez más comprometida, opta por cargar todas las responsabilidades en la jefa de recursos humanos, a la que se le aplican los mecanismos de presión para que dimita que están en el plan “Ambición 2016”. La jefa de recursos humanos decide, entonces, colaborar con la inspectora de trabajo y denunciar la trama de la dirección de la empresa y los mecanismos de poder que estaban utilizando, y cómo este dominio se transfiere a través de todos los niveles al resto de empleados y trabajadoras.

Ambos relatos establecen un sentido preciso de la película: el abuso tiene que ser detectado y definido en todas sus dimensiones, lo que significa no reducirlo –como hace el comité de empresa de la corporación- a un caso de “maltrato psicológico”; y debe ser denunciado ante la inspección de trabajo para que se intervenga contra la empresa.

Corporate arranca con una advertencia: “los personajes de esta película son ficticios, pero los métodos de gestión son reales”. A través de la ficción podemos entrar en el interior de las grandes empresas y advertir las formas de dominación que se ejercen en su interior que trascienden los casos aislados para conformarse en políticas laborales de carácter general.

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