Fuente: Por Jesús Uzkudun Illarramendi, Activista por la Salud Laboral, miembro de Asviamie y CCOO Euskadi. Publicado en noticiasdegipuzkoa.com 29/01/2013

Al atender a un excompañero de trabajo en la siderurgia, con 57 años de edad y afectado por un carcinoma broncogénico, viene a mi memoria la exposición habitual a fibras de amianto, décadas atrás.

Iniciadas las gestiones que posibiliten el reconocimiento como enfermedad profesional y las prestaciones económicas correspondientes, me despiertan las alertas que motivan este llamamiento a todos los trabajadores/as que estuvieron expuestos a la fibra cancerígena, para que acudan a CCOO o asviamie para tramitar su inclusión en el Plan de Vigilancia Sanitaria post-ocupacional del amianto que desarrolla el Gobierno Vasco, pues mañana puede ser tarde.

P.G. trabajó desde 1971 como mecánico de mantenimiento en Pedro Orbegozo-Acenor de Hernani, hasta que fue despedido en el año 84, en aplicación de la salvaje reestructuración y “caza de rojos”. Mientras tanto, la empresa ignoró y silenció la amplia legislación protectora frente al amianto, vigente desde 1940. Ocultó el riesgo cancerígeno e incluso la legislación que prohibía a menores de edad manipular amianto. Sidenor, empresa sucesora del grupo siderúrgico, ignoró los requerimientos de la Inspección de Trabajo, del personal que estuvo expuesto para su inclusión en el Plan de Vigilancia Sanitaria.

Miles y miles de trabajadores y trabajadoras, manipularon amianto durante los años 60, 70, 80, incluso en los 90, con mayor o menor exposición a la fibra cancerígena.

Tal como nos muestra la historia de las víctimas, pequeñas exposiciones a un cancerígeno como el amianto pueden ser suficientes para generar la fatal enfermedad décadas más tarde, y la única medida preventiva es la detección precoz de la enfermedad mediante la vigilancia sanitaria específica.

El amianto se utilizó ampliamente, no solo en la industria específica, sino también en acerías, fundiciones, fabricación de maquinaria, industria naval, del papel, química, construcción…, siendo los mecánicos, soldadores, calefactores, fontaneros, electricistas, caldereros o quienes reparaban la red de aguas municipales, las profesiones de especial riesgo.

La gran mayoría de las empresas, además de incumplir la precaria legislación proteccionista, eludieron notificar al registro del RERA, el nombre de los trabajadores expuestos, imposibilitando así la vigilancia sanitaria específica, y con la absoluta permisibilidad de la dictadura franquista, gobiernos de la transición y la gran mayoría de los técnicos de los gabinetes de Seguridad e Higiene, Mutuas y la Inspección de Trabajo, que influenciados por la filosofía del “Control Total de Pérdidas”, reducían la acción protectora de la Seguridad e Higiene a los accidentes de trabajo, por el daño a la imagen y los costes productivos que generaban, mientras que las Mutuas se encargaban de externalizar el coste de las enfermedades profesionales a la sanidad pública, camufladas como comunes.

Por ello, además de llegar la hora de exigir responsabilidades al Estado, por la catástrofe sanitaria producida por el amianto, las responsabilidades son evidentes, parece que es condición para avanzar, la creación del Fondo de Compensación a las víctimas indefensas.

En los últimos años, gracias a las denuncias de las víctimas agrupadas en asviamie y la actividad de CCOO Euskadi, hemos logrado aumentar y doblar el registro, recogiendo a más de 6.045 trabajadores vascos, “probablemente expuestos al amianto”, cifra que requiere multiplicar por cinco, para lograr la prevención precoz del cáncer y evitar que oculten su origen, ante la indiscutible epidemia de cáncer por amianto, tal y como anuncian todos los expertos, incluso para aproximarnos a las cifras de cáncer profesional reconocidos en el entorno europeo.

No podemos esperar. Las empresas, ayuntamientos e instituciones preventivas, incluso el Departamento de Sanidad y Osakidetza, no muestran la menor voluntad por visualizar la enfermedad o muerte por el amianto, dadas sus consecuencias económicas, incluso políticas, por permitir el uso sin control de una sustancia cancerigena tan peligrosa.

La vigilancia sanitaria específica, con el protocolo del amianto, es la única medida de prevención para quien inhaló la fibra cancerígena, posibilitando así la detección precoz de la enfermedad, mejorando su tratamiento y su esperanza de vida. La inclusión en dicho plan de vigilancia sanitaria, también facilita el reconocimiento profesional de las enfermedades, mejorando las prestaciones económicas y el derecho a indemnizaciones por daños y recargos por las infracciones preventivas.

No podemos olvidar que la mayoría de los afectados pueden ser jubilados o a punto de serlo, con empresas y procesos productivos en muchos casos ya desaparecidos, siendo necesario contar con algunos testigos.

Los pequeños obstáculos no pueden convertirse en la excusa para no incorporarte al plan de vigilancia sanitaria, acude y consulta con quienes han demostrado su eficacia en esta batalla. Mañana puede ser tarde, hay mucho en juego. Anímate, reacciona, no te quedes parado.

http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2013/01/29/opinion/tribuna-abierta/si-tuviste-contacto-con-amianto-en-el-trabajo-reacciona